¿Y si la vida extraterrestre se escondiera en lugares que habíamos descartado por completo? Durante décadas, los astrónomos han centrado sus investigaciones en una estrecha franja alrededor de las estrellas, donde el agua podría ser líquida en la superficie. Sin embargo, este enfoque tradicional está siendo cuestionado por estudios recientes.
En efecto, nuevas simulaciones climáticas indican que mundos mucho más cercanos o mucho más alejados de su estrella podrían albergar entornos propicios para la vida. Estos modelos tienen en cuenta planetas que siempre muestran la misma cara a su sol, un fenómeno llamado rotación síncrona. En estos cuerpos, el lado perpetuamente sumergido en la noche podría conservar agua líquida gracias a una redistribución eficaz del calor por la atmósfera o un océano.
En nuestro propio Sistema Solar, la vida podría existir más allá de la zona habitable.
Representación de la actividad hidrotermal en Encélado basada en los datos de la misión Cassini-Huygens
Crédito: ESA
Estos planetas, frecuentes alrededor de estrellas enanas de tipo M, podrían así encontrarse más cerca de su estrella sin que su agua se evapore por completo. Esta idea está respaldada por observaciones recientes del telescopio espacial James Webb, que ha detectado vapor de agua en la atmósfera de algunos exoplanetas situados por debajo del límite tradicional de la zona habitable.
Por otra parte, la ampliación de las fronteras de la zona habitable no solo afecta al límite interior. Incluso los planetas muy alejados y helados podrían esconder agua líquida bajo gruesas capas de hielo, calentada por el interior del planeta. En nuestro propio planeta, lagos subglaciales como los de la Antártida albergan vida microbiana, demostrando que el agua superficial no es indispensable.
Esta reevaluación de los modelos climáticos abre perspectivas considerables para la búsqueda de vida en el Universo. Multiplica el número de mundos a estudiar y cuestiona nuestros criterios de habitabilidad. El equipo de investigación, cuyos trabajos han sido publicados en la revista
Astrophysical Journal, propone así revisar las zonas donde la vida podría surgir.
Las próximas observaciones de los telescopios podrán probar estas nuevas hipótesis al escrutar la atmósfera de exoplanetas situados fuera de las zonas clásicas. Este enfoque ampliado podría llevarnos a descubrir firmas biológicas donde no las esperábamos.
La rotación síncrona y sus efectos climáticos
Muchos exoplanetas, especialmente aquellos que orbitan alrededor de estrellas enanas rojas, están bloqueados gravitacionalmente. Esto significa que giran sobre sí mismos en exactamente el mismo tiempo que tardan en dar la vuelta a su estrella. En consecuencia, una cara está en perpetuo día, ardiente, mientras que la otra está sumergida en una noche eterna y glacial.
Durante mucho tiempo, se pensó que esta configuración impedía cualquier condición habitable. La temperatura extrema de ambos hemisferios parecía provocar un colapso o una desaparición de la atmósfera. La ausencia de ciclo día-noche también parecía poco propicia para una estabilidad climática.
Sin embargo, los modelos climáticos en tres dimensiones han demostrado que una atmósfera suficientemente densa puede transportar el calor del lado diurno hacia el lado nocturno. Un océano global jugaría un papel similar al redistribuir la energía térmica a través de las corrientes. Esto puede crear una franja templada en la frontera entre el día y la noche, o incluso mantener temperaturas soportables en gran parte de la superficie nocturna.
Este descubrimiento es importante porque las estrellas enanas rojas son las más comunes en la Galaxia. Sus planetas en rotación síncrona representan, por tanto, un objetivo prioritario para la búsqueda de vida, siempre que miremos en el lugar correcto.
Los océanos bajo el hielo, refugios poco conocidos
Lejos de su estrella, un planeta recibe muy poco calor. Su superficie debería ser una banquisa global, espesa y sólida. Sin embargo, la vida podría prosperar no en la superficie, sino en profundidad, bajo una amplia capa de hielo que actuaría como aislante térmico.
El calor necesario para mantener el agua en estado líquido puede provenir del interior mismo del planeta. La desintegración de elementos radiactivos en el núcleo y el manto genera energía. Las fuerzas de marea, ejercidas por la estrella o por cuerpos masivos, también pueden provocar fricciones y calentar el interior del planeta, un fenómeno observado en algunas lunas de Júpiter y Saturno.
En la Tierra, ecosistemas enteros existen en la oscuridad total de los lagos bajo la capa de hielo antártica, como el lago Vostok. Estos entornos, aislados de la superficie y de la luz solar durante millones de años, son ricos en microbios que obtienen su energía de reacciones químicas y no de la fotosíntesis.
Estos mundos oceánicos helados podrían ser numerosos en nuestra galaxia. Su estudio nos obliga a ampliar nuestra definición de habitabilidad más allá de la simple presencia de agua líquida en la superficie, para incluir estos vastos reservorios enterrados, protegidos de las radiaciones estelares y de las variaciones climáticas extremas.
Fuente: The Astrophysical Journal