Adrien - Jueves 29 Enero 2026

🌟 Webb captura en directo la siembra del Universo permitiendo la génesis de nuevos mundos

Identificada por primera vez a principios del siglo XIX, la Nebulosa de la Hélice es una de las más cercanas a la Tierra, situada a unos 650 años luz en la constelación de Acuario. Los astrónomos la han estudiado durante mucho tiempo con diversos instrumentos, pero los nuevos datos de Webb aportan una claridad sin precedentes. Esta proximidad la convierte en un laboratorio ideal para comprender el destino de estrellas similares a nuestro Sol, revelando detalles precisos sobre la transformación estelar.

Gracias a sus instrumentos infrarrojos, Webb permite examinar los detalles de la nebulosa, revelando estructuras con forma de cometa y vientos estelares intensos. Estos elementos muestran cómo el gas expulsado por la estrella se dispersa en el espacio, proporcionando los ingredientes esenciales para la formación de nuevos astros. Las imágenes de la cámara NIRCam ponen de relieve pilares gaseosos alrededor del borde interior de la concha en expansión, creados por la colisión de los vientos calientes con capas más frías.


Esta imagen de la Nebulosa de la Hélice, capturada por el instrumento NIRCam de Webb, incluye flechas de dirección, una escala y una clave de colores como referencia. Las longitudes de onda infrarrojas se han traducido a colores visibles para representar las diferencias de temperatura y composición.
Crédito: NASA, ESA, CSA, STScI, A. Pagan (STScI)


La comparación con observaciones anteriores, como las del telescopio Hubble, pone de relieve el rendimiento superior de Webb en infrarrojo para captar los matices de temperatura. Los pasos del gas ionizado caliente cerca del centro a las regiones moleculares más frías del exterior aparecen ahora mucho más nítidos. Esta perspectiva mejorada ayuda a los científicos a rastrear mejor la evolución de la nebulosa.

En el corazón de la nebulosa, una enana blanca irradia e ilumina el gas circundante, aunque queda fuera del encuadre en la imagen de Webb. Esta estrella residual está en el origen de la creación de capas gaseosas con propiedades distintas, desde el gas ionizado caliente hasta las bolsas frías ricas en polvo. Estas regiones contienen la materia prima que algún día podría participar en la formación de estrellas y planetas en otros lugares, ilustrando cómo se perpetúa el ciclo estelar.

Los colores en la imagen de Webb no son solo estéticos; indican diferencias de temperatura y composición química. El azul representa el gas más caliente, energizado por radiación ultravioleta, mientras que el amarillo marca las zonas donde el hidrógeno forma moléculas. El rojo traza los materiales más fríos en la periferia, donde el gas se enrarece y puede formarse polvo. Estos matices ayudan a visualizar cómo la eyección final de una estrella se convierte en los bloques de construcción de futuros mundos.

Estas observaciones profundizan nuestra comprensión de la formación planetaria al mostrar que el material expulsado por estrellas moribundas, como en la Nebulosa de la Hélice, contiene los elementos necesarios para sembrar nuevos sistemas. La colaboración internacional detrás de Webb, que involucra a la NASA, la ESA y la CSA, ha hecho posible esta vista sin precedentes, abriendo el camino a otros descubrimientos sobre la evolución cósmica.


Esta imagen de la Nebulosa de la Hélice procedente del telescopio VISTA (izquierda) presenta la vista completa de la nebulosa planetaria, con un recuadro que resalta el campo más reducido capturado por la cámara NIRCam de Webb (derecha).
Crédito: NASA, ESA, CSA, STScI, A. Pagan (STScI)


Las nebulosas planetarias



Las nebulosas planetarias son envolturas de gas y polvo expulsadas por estrellas de masa media, como nuestro Sol, durante sus fases finales. Este fenómeno ocurre cuando la estrella agota su combustible nuclear y comienza a contraerse, liberando sus capas externas al espacio. A pesar de su nombre, estas nebulosas no tienen un vínculo directo con los planetas; proviene de su apariencia redonda y difusa en los primeros telescopios, que recordaba a discos planetarios.

La formación de una nebulosa planetaria es un proceso gradual que dura miles de años. La estrella central, convertida en una enana blanca, emite una radiación intensa que ioniza el gas circundante, haciéndolo brillar en diferentes longitudes de onda. Esta luz revela arquitecturas detalladas, como anillos o chorros, moldeadas por los vientos estelares y las interacciones con el medio interestelar. Estas nebulosas son efímeras a escala cósmica, disipándose después de algunas decenas de miles de años.

Al dispersar elementos pesados, como el carbono y el oxígeno, en el espacio, las nebulosas planetarias juegan un papel central en el enriquecimiento químico de la galaxia. Estos materiales sirven luego como base para la formación de nuevas estrellas y planetas, perpetuando el ciclo de la vida estelar. El estudio de estos objetos ayuda a los astrónomos a comprender la evolución de las estrellas y la composición del Universo.

Fuente: NASA
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