Adrien - Jueves 23 Abril 2026

🌟 Una tormenta solar centenaria amenaza con devolvernos al siglo XIX

Nuestra vida diaria se basa en tecnologías omnipresentes, desde los smartphones hasta los sistemas de navegación, cada día más indispensables. Ocurriendo en promedio una vez por siglo, un evento solar de gran envergadura es suficiente para interrumpir, si no destruir, estas herramientas esenciales.

Un informe técnico británico publicado en 2026 examinó las consecuencias de un evento mayor que ocurriría aproximadamente una vez por siglo. Este documento, citado por Science and Technology Facilities Council, explora los efectos sobre las infraestructuras terrestres. Si el estudio se basa en el caso del Reino Unido, regiones situadas en latitudes comparables en otras partes del mundo podrían sufrir perturbaciones similares.


Desechos espaciales se consumen en la atmósfera sobre Puerto Rico en febrero de 2022.
Crédito: Eddie Irizarry/Sociedad de Astronomía del Caribe (SAC)


Las erupciones solares, poderosas explosiones en la atmósfera de nuestra estrella, pueden interferir las comunicaciones por radio. Las tormentas geomagnéticas, provocadas por la llegada de nubes de plasma, perturban el campo magnético terrestre. Finalmente, partículas energéticas pueden alcanzar nuestro entorno, creando riesgos reales.

Las redes eléctricas están particularmente expuestas. Durante una fuerte tormenta geomagnética, se crean corrientes inducidas que circulan por las líneas de alta tensión. Esta sobrecarga puede provocar cortes de energía regionales.

Los satélites, indispensables para el GPS o las previsiones meteorológicas, también están en primera línea. Una afluencia de partículas cargadas puede dañar su electrónica y reducir la vida útil de sus paneles solares. Además, la atmósfera terrestre, calentada por los rayos X solares, se hincha ligeramente. Esto aumenta la resistencia aerodinámica que frena los vehículos espaciales, pudiendo hacerlos descender de manera incontrolada en la atmósfera hasta crear desechos que impacten el suelo.

Los sistemas de comunicación por radio se verían ampliamente afectados. Las señales utilizadas para la navegación por satélite o las conexiones de larga distancia para aviones y barcos podrían degradarse o perderse durante varios días. No es solo una hipótesis: durante un evento extremo en mayo de 2024, la agricultura estadounidense sufrió pérdidas significativas debido a fallos en la guía por satélite.


El clima espacial afecta una amplia gama de tecnologías en la Tierra y en órbita.
Crédito: NASA's Scientific Visualization Studio

Afortunadamente, la observación del Sol y la modelización de las erupciones mejoran constantemente. Estos avances ofrecen plazos más largos para proteger las infraestructuras críticas, pero ¿será suficiente, el día que llegue un evento centenario?

Cómo el Sol influye en nuestro planeta



La actividad solar no es constante. Nuestra estrella atraviesa ciclos de aproximadamente once años, marcados por fases de calma y de intensa agitación. Durante los períodos activos, aparecen manchas oscuras en su superficie, asiento de campos magnéticos intrincados. Estos campos pueden retorcerse y reconectarse bruscamente, liberando enormes cantidades de energía en forma de erupciones.

Estas erupciones a veces proyectan al espacio nubes de plasma, llamadas eyecciones de masa coronal. Viajando a varios millones de kilómetros por hora, estas nubes pueden tardar unos días en alcanzar la Tierra. Cuando interactúan con el escudo magnético que rodea nuestro planeta, lo comprimen y deforman, desencadenando las auroras polares pero también corrientes eléctricas no deseadas.

Estos procesos solares son vigilados por una flota de observatorios espaciales y terrestres. Satélites como el Solar Dynamics Observatory de la NASA proporcionan imágenes continuas, permitiendo detectar los signos precursores. Esta vigilancia ayuda a emitir alertas unas horas antes de la llegada de las partículas más rápidas, ofreciendo un tiempo de reacción valioso.

Los investigadores desarrollan modelos informáticos para simular la propagación de las nubes de plasma en el Sistema Solar. El objetivo es predecir con más precisión la fuerza y la dirección de estos eventos, para proteger mejor nuestras tecnologías.

Fuente: Science and Technology Facilities Council
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