La falsificación, antes asociada principalmente a artículos de lujo, afecta ahora a una multitud de sectores, desde medicamentos hasta piezas de automóviles. Cada año, esta actividad ilícita priva a las empresas de un volumen de negocio considerable y sitúa a los consumidores ante peligros reales.
Frente a este problema, un equipo de la Universidad de Copenhague ha desarrollado una huella digital única denominada O-KEY. Esta solución asigna una identidad legal verificable a cualquier objeto físico, proporcionando así una protección robusta contra las reproducciones fraudulentas.
El método genera un patrón aleatorio y colorido que no puede copiarse, sirviendo como firma única para cada objeto.
Crédito: KU
El funcionamiento de esta tecnología se inspira en un fenómeno natural simple. Al igual que los granos de arena forman un patrón único al caer, partículas microscópicas contenidas en una tinta especial se organizan de manera aleatoria. Esta configuración, inscrita en una marca transparente de un milímetro cuadrado, es imposible de reproducir de forma idéntica.
Varias marcas ya han adoptado este sistema, como el fabricante de porcelana Royal Copenhagen. La aplicación de la huella permite seguir cada producto a lo largo de toda su distribución, hasta llegar a manos del cliente final. Esta transparencia ofrece una prueba legal de autenticidad fácil de verificar.
El desarrollo de O-KEY nació en los laboratorios universitarios, gracias a trabajos en química de materiales. El investigador Thomas Just Sørensen publicó sus resultados en la revista
Science Advances. Sus descubrimientos dieron luego origen a una empresa especializada.
Hoy, esta tecnología no se limita a objetos de valor o productos de lujo. También se utiliza para asegurar componentes electrónicos e infraestructuras sensibles. Su adopción contribuye a reforzar la confianza en los intercambios comerciales y a proteger a los consumidores.
Funciones físicamente no clonables (PUFs)
Las funciones físicamente no clonables, o PUFs, son dispositivos que aprovechan las variaciones ínfimas y aleatorias presentes en un material durante su fabricación. Estas variaciones, imperceptibles a simple vista, crean una firma única imposible de reproducir exactamente, incluso utilizando los mismos procesos de producción. Este concepto se asemeja a las huellas dactilares humanas, donde cada individuo posee un patrón distinto.
En el ámbito de la electrónica, las PUFs se integran a menudo en los chips para proteger los dispositivos. Generan claves criptográficas basadas en estas imperfecciones físicas, ofreciendo una protección robusta contra la copia o la falsificación. Este enfoque se considera más seguro que los métodos de software tradicionales, porque se basa en características materiales inherentes.
La aplicación de las PUFs se extiende más allá de la electrónica, como muestra la tecnología O-KEY. Utilizando partículas microscópicas dispuestas de forma aleatoria, se crea una firma física que puede digitalizarse y verificarse.
El potencial de las PUFs reside en su capacidad para proporcionar una identidad intrínseca y verificable, sin necesidad de componentes electrónicos costosos. Esto las hace aptas para una amplia gama de productos, desde artículos de lujo hasta documentos oficiales, reforzando así la seguridad y la confianza en numerosos sectores.
Fuente: Science Advances