¿Por qué el terremoto de 2011 en Japón provocó un tsunami de tal magnitud?
Esta catástrofe, una de las más mortíferas de la historia moderna, había sorprendido a los científicos por la forma en que la falla se había roto mucho más cerca de la superficie de lo previsto. Ante esta observación, los investigadores se centraron en las condiciones geológicas particulares de la fosa de Japón.
Para resolver este enigma, un equipo internacional llevó a cabo una expedición oceánica excepcional. A bordo del buque Chikyu, los científicos perforaron a una profundidad récord en el fondo marino del Pacífico, recolectando muestras. Esta campaña de sondeo, reconocida por el Libro Guinness de los Récords, permitió analizar directamente las capas geológicas en el mismo lugar donde la placa oceánica se hunde bajo Japón.
Los análisis revelaron la presencia de una banda de arcilla pelágica, de unos cien metros de espesor, atrapada justo debajo del lecho oceánico. Esta capa, formada por partículas muy finas acumuladas durante millones de años, tiene una consistencia blanda y resbaladiza. A diferencia de las rocas más resistentes que la rodean, ofrece una superficie de baja resistencia, como un plano de debilidad naturalmente integrado en la estructura geológica.
Este descubrimiento explica cómo la ruptura sísmica pudo propagarse tan cerca de la superficie. Durante el terremoto de 2011, las fuerzas tectónicas se concentraron a lo largo de esta capa de arcilla, guiando el deslizamiento. El movimiento alcanzó así el fondo marino, elevándolo de cuarenta a sesenta metros en una vasta zona. Un desplazamiento vertical de este tipo en aguas poco profundas constituye un mecanismo directo para generar una ola de tsunami de gran amplitud.
Este comportamiento difiere de muchos otros grandes terremotos, que generalmente se rompen a decenas de kilómetros de profundidad. Por ejemplo, el terremoto de Nisqually ocurrido en 2001 en el noroeste del Pacífico comenzó a más de cincuenta kilómetros bajo la superficie.
La comprensión de este fenómeno también permitirá revisar los riesgos en otras zonas de subducción de todo el mundo. Al identificar la presencia de capas similares de arcilla pelágica, los geólogos podrían anticipar mejor los lugares donde son posibles rupturas superficiales.
Los trabajos del equipo se publican en la revista
Science.
Fuente: Science