Durante más de dos décadas, una señal de radio procedente del púlsar del Cangrejo muestra bandas perfectamente espaciadas. Esta observación ha intrigado durante mucho tiempo a la comunidad astronómica, ya que ningún otro púlsar muestra tal regularidad.
Este púlsar corresponde al núcleo colapsado de una estrella que explotó en supernova en el año 1054, situado a unos 6 500 años luz de la Tierra. Su relativa proximidad y luminosidad lo convierten en un objeto de estudio privilegiado para examinar los vestigios estelares.
La mayoría de las emisiones de radio de los púlsares son amplias y poco estructuradas, no tan nítidas y en bandas como las del púlsar del Cangrejo.
Recientemente, trabajos han permitido levantar el velo sobre esta singularidad, atribuyéndola a una combinación particular entre las propiedades del plasma y los efectos de la gravedad. Mikhail Medvedev, de la Universidad de Kansas, presentó estos resultados en una cumbre de física, y un artículo ha sido aceptado en el
Journal of Plasma Physics.
En la magnetosfera del púlsar, el plasma actúa como una lente que amplía la propagación de las ondas de radio, generando zonas de baja intensidad. Este fenómeno es bien conocido en física de plasmas, pero aquí interactúa con una fuerza opuesta, la gravedad, que tiende a concentrar los rayos.
Según la teoría de la relatividad de Einstein, la gravedad curva el espacio-tiempo y funciona como una lente focalizadora. Al superponerse al efecto dispersivo del plasma, permite la formación de interferencias precisas, donde ciertas frecuencias se amplifican y otras se anulan, produciendo las bandas observadas.
Este descubrimiento ofrece a los científicos un medio para explorar aún más las estrellas de neutrones y otros objetos compactos. El análisis de estas señales permite estimar la distribución de materia alrededor de estos astros e incluso sondear su interior gracias a los efectos gravitacionales.
Aunque el modelo actual explica cualitativamente las bandas, se esperan ajustes, por ejemplo integrando la rotación del púlsar.
Fuente: arXiv