El Sol nos presenta lo que parece ser una anomalía: su corona, la atmósfera externa, alcanza temperaturas de varios millones de grados, mientras que su superficie visible, la fotosfera, es mucho más fría, a unos 5 500 °C. Este fenómeno, observable durante los eclipses totales, intriga a los científicos desde hace décadas. Las explicaciones tradicionales se centraban en los electrones, los iones y los campos magnéticos, pero he aquí que surge una nueva pista: el polvo cósmico.
Recientemente, la sonda Parker Solar Probe, que se acercó a 6,1 millones de kilómetros del Sol, detectó picos de tensión inesperados. Estas señales provienen del impacto de granos de polvo microscópicos que golpean la sonda a gran velocidad. Hasta entonces, se pensaba que el polvo no sobrevivía en la corona, pero estas observaciones cambian las cosas.
Crédito: NASA GSFC/CIL/Brian Monroe
Estos granos adquieren una carga electrostática al atravesar el viento solar. Dicha carga les permite interactuar con los campos magnéticos y las ondas de Alfvén, oscilaciones del plasma que se propagan a lo largo de las líneas de campo. El equipo del investigador Syed Ayaz, de la Universidad de Alabama en Huntsville, publicó estos resultados en
The Astrophysical Journal en julio de 2026.
Dos mecanismos opuestos entran en juego. Por un lado, la masa de los granos de polvo añade inercia al plasma, lo que puede transportar la energía de las ondas de Alfvén a mayores distancias. Por otro lado, la carga eléctrica de los granos amplifica las interacciones entre las partículas cargadas del plasma, las ondas y el campo magnético solar, liberando energía localmente en forma de calor.
El equilibrio entre estos dos efectos determina dónde y cuándo se deposita la energía en la corona. Si el efecto de masa domina, la energía se propaga más lejos; si prevalece el efecto de carga, calienta localmente. Este balance podría explicar las temperaturas extremas observadas en algunas regiones de la corona.
Las futuras misiones solares deberán ahora tener en cuenta el polvo. Detectores especializados podrán medir sus propiedades cerca del Sol. Como dice Syed Ayaz, la gran cuestión es si el polvo es un simple cuerpo extraño o si contribuye activamente a transformar la energía electromagnética en calor y movimiento en el viento solar.
Fuente: The Astrophysical Journal