El Gran Lago Salado, conocido sin sorpresa por su agua extremadamente salada, suele considerarse un desierto. En este ambiente extremo para la vida, un equipo de biólogos ha realizado una observación asombrosa: los nematodos, pequeños gusanos redondos, prosperan en estas condiciones hostiles. Este hallazgo invita a reconsiderar los límites conocidos de la vida en medios hipersalinos.
Esta nueva especie para la ciencia ha sido nombrada
Diplolaimelloides woaabi. Los investigadores de la Universidad de Utah trabajaron con la comunidad Shoshone para elegir este nombre, que proviene de una palabra indígena que significa 'gusano'. El estudio, publicado en el
Journal of Nematology, describe las características de este nematodo único en el lago.
Recolección de nematodos en el Gran Lago Salado.
Crédito: Julie Jung
Hasta 2022, no se había confirmado ningún nematodo en este lago. Para recolectar especímenes, se organizaron expediciones en kayak y bicicleta hacia los microbialitos, acumulaciones minerales. Julie Jung, entonces investigadora postdoctoral, dirigió estas misiones. Todo el proceso, desde la recolección hasta la confirmación de que se trataba de una nueva especie, requirió tres años.
Los nematodos son animales microscópicos muy comunes en la Tierra, presentes desde los suelos hasta los océanos. En el Gran Lago Salado, se unen a los camarones y moscas de agua salada como raros habitantes animales. Además, los análisis genéticos sugieren la posible existencia de una segunda especie, lo que requeriría investigaciones complementarias para ser confirmado.
¿Cómo llegaron estos gusanos allí? Se están estudiando dos escenarios. El primero propone un origen antiguo, vinculado a un brazo de mar prehistórico, con nematodos atrapados durante la formación de la cuenca. El segundo, más sorprendente, considera un transporte por aves migratorias desde otros lagos salados. Estas pistas ayudan a conceptualizar la dispersión de la vida en medios aislados.
Imágenes microscópicas de Diplolaimelloides woaabi, la nueva especie de nematodo.
Crédito: Journal of Nematology ; laboratorio Werner, Universidad de Utah
Dentro del lago, estas criaturas ocupan las alfombras de algas de los microbialitos, donde se alimentan de bacterias. Un detalle notable radica en la proporción de sexos: las hembras son mucho más numerosas que los machos en el lago, un desequilibrio que desaparece en el laboratorio. Esta particularidad resalta la marcada influencia de su hábitat en su biología. Su presencia podría en el futuro servir como bioindicador para monitorear el estado del lago frente a las presiones antropogénicas.
Las interacciones entre estos nematodos y los microbialitos, que son productores principales de energía en el lago, podrían influir en todo el ecosistema. Estudios posteriores permitirán comprender mejor su lugar en la cadena alimentaria.
Fuente: Journal of Nematology