Adrien - Martes 19 Mayo 2026

🌋 Una erupción volcánica destruye metano en la atmósfera

En enero de 2022, el volcán Hunga Tonga-Hunga Ha'apai entró en erupción, liberando inmensas cantidades de metano en la atmósfera. Sin embargo, los instrumentos satelitales observaron una destrucción simultánea de este gas de efecto invernadero. ¿Cómo es posible? La respuesta se encuentra en la pluma volcánica, donde se detectaron concentraciones récord de formaldehído. Este compuesto proviene de la descomposición del metano.

Este fenómeno se basa en un mecanismo que involucra aerosoles de sal de hierro. Durante la erupción, cenizas volcánicas y agua de mar salada fueron proyectadas a la estratósfera. Bajo la acción del sol, estas partículas liberan cloro, un elemento muy reactivo que descompone el metano. Este proceso ya se había observado sobre el Sahara, pero nunca en la estratósfera. Matthew Johnson, de la Universidad de Copenhague, señala que esta similitud es totalmente inesperada.


La erupción del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha'apai el 15 de enero de 2022.
Crédito: Tonga Geological Services


Gracias a los satélites Sentinel-5P equipados con el instrumento TROPOMI, los científicos siguieron la nube de formaldehído durante diez días. Maarten van Herpen, autor principal del estudio, explica que el formaldehído solo persiste unas pocas horas, lo que demuestra que la destrucción del metano continuó durante un largo período. Los investigadores tuvieron que corregir los datos para tener en cuenta la altitud inusual y las interferencias del dióxido de azufre, confirmando así la realidad del fenómeno.

La erupción liberó aproximadamente 300 gigagramos de metano, equivalente a las emisiones anuales de más de dos millones de vacas. Paralelamente, la pluma volcánica eliminaba cerca de 900 megagramos de metano por día. Este doble efecto muestra que los volcanes pueden tanto contaminar como limpiar la atmósfera, aunque el balance global no favorece la limpieza.

El metano es un potente gas de efecto invernadero, 80 veces más eficaz que el CO₂ para atrapar el calor en un período de 20 años. Sin embargo, persiste menos tiempo en la atmósfera, alrededor de una década. Reducir las emisiones de metano podría, por tanto, ralentizar el calentamiento a corto plazo, actuando como un freno de emergencia climática. No obstante, la reducción del CO₂ sigue siendo indispensable para un equilibrio a largo plazo.


Imagen satelital del 16 de enero de 2022 que muestra la nube de formaldehído (en azul) medida por TROPOMI.
Crédito: van Herpen et al. (2026)

Este descubrimiento podría inspirar tecnologías destinadas a eliminar el metano de la atmósfera. Los métodos actuales tienen dificultades para demostrar su eficacia, pero el estudio muestra que los satélites pueden medir directamente su destrucción. Jos de Laat, del Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos, explica que este enfoque permite verificar si las técnicas funcionan. Los investigadores esperan así desarrollar soluciones seguras y eficaces para combatir el calentamiento.

Asimismo, estos resultados obligan a revisar el balance global del metano. Hasta ahora, los modelos ignoraban el efecto de los polvos atmosféricos, como las cenizas volcánicas, sobre la degradación del metano. Matthew Johnson insiste en la necesidad de corregir estas estimaciones para comprender mejor el ciclo del metano y su impacto en el clima.

Fuente: Nature Communications
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