En un intercambio reciente con sus colaboradores, Elon Musk reveló su proyección: dentro de dos o tres años, el espacio podría ofrecer la solución más económica para desplegar capacidades de cálculo dedicadas a la IA. Para lograrlo, contempla una implantación permanente en la Luna, donde las materias primas locales serían utilizadas para fabricar hardware. La Starship, con su gran capacidad de carga, sería entonces un elemento central de este plan.
Este método ya tiene antecedentes. Desde los años 70, el físico Gerard O'Neill había imaginado instalaciones para extraer materiales lunares. Con un equipo del
Massachusetts Institute of Technology, diseñó prototipos de lanzadores electromagnéticos gracias a financiamientos. Su objetivo era expedir estos minerales al espacio, desde la Luna, para construir hábitats o centrales solares orbitales.
Representación artística de un lanzador electromagnético proyectando una carga desde la superficie lunar.
Crédito: General Atomics Electromagnetic Systems
Los avances técnicos recientes dan hoy más crédito a este escenario. En un documento preparado para la
Air Force Office of Scientific Research, Robert Peterkin indicó que los lanzadores electromagnéticos contemporáneos presentan ventajas mayores. Podrían aprovechar la energía solar, abundante en la Luna, evitando así la importación de combustible desde nuestro planeta. Esta opción conduciría a una disminución de los gastos y a una mejor eficiencia de las operaciones de lanzamiento.
Nuestro satélite alberga recursos interesantes como el silicio, el titanio o el aluminio. Su explotación permitiría alimentar una economía local al servicio de las actividades espaciales. Así, los vehículos en órbita lunar podrían ser reabastecidos o reparados a un coste reducido. Esta eventualidad traza la ruta de una exploración del Sistema Solar a la vez más profunda y más sostenible.
La concreción de esta visión requerirá una sinergia entre los sectores público y privado. Agencias espaciales como la NASA ya trabajan en bases lunares, que podrían incorporar estas tecnologías de propulsión.
¿Cómo operan estos sistemas de propulsión?
Los lanzadores electromagnéticos, a veces llamados mass drivers, catapultas o cañones electromagnéticos, emplean campos magnéticos para acelerar objetos sin contacto directo. Su principio se asemeja al de un tren de levitación magnética, pero aquí está adaptado para eyectar cargas a muy alta velocidad. El dispositivo se basa en una serie de bobinas que generan fuerzas sucesivas, propulsando el proyectil a lo largo de una pista.
A diferencia de los motores-cohete clásicos, estas instalaciones no requieren propergol químico. Una alimentación eléctrica, por ejemplo procedente de paneles solares situados en la Luna, puede bastar. Esta característica reduce sensiblemente la masa a enviar desde la Tierra, haciendo los lanzamientos a la vez más asequibles y menos problemáticos para el medio ambiente terrestre.
En la Luna, donde la gravedad representa solo una sexta parte de la de la Tierra, un propulsor electromagnético de tamaño moderado puede alcanzar la velocidad requerida para abandonar la atracción lunar. Modelos a escala reducida ya han sido validados en laboratorio, confirmando la viabilidad del concepto a una escala operativa.
Estas tecnologías podrían configurarse para expedir diferentes tipos de carga, ya sean satélites o materiales de construcción. Constituyen una vía seria para instalar una presencia humana duradera en el espacio, apoyándose principalmente en los recursos disponibles in situ.