El sitio arqueológico de Ajvide en Suecia, datado en aproximadamente 5.500 años, es renombrado por sus tumbas particularmente bien conservadas. En esa época, mientras la agricultura se generalizaba en Europa, las comunidades del norte preservaban un modo de vida basado en la caza de focas y la pesca.
Gracias a científicos de la Universidad de Uppsala, se analizó el ADN de diez individuos provenientes de cuatro tumbas colectivas. Su trabajo, publicado en
Proc Biol Sci, muestra que las personas enterradas juntas a menudo eran parientes lejanos, como primos o tíos.
Tumbas antiguas en Ajvide en Suecia proporcionan nuevas pistas sobre la vida social en la edad de piedra. El análisis de ADN indica que los cazadores-recolectores tomaban en cuenta las relaciones familiares ampliadas durante los entierros. Aquí, una niña y una mujer joven eran parientes de tercer grado.
Crédito: Johan Norderäng
Es una sorpresa para los investigadores. Para ilustrar este punto, una sepultura contenía una mujer joven acompañada de dos niños que no eran suyos, pero probablemente sus sobrinos. Otra tumba contenía también dos niños, un niño y una niña, identificados como primos por el análisis genético.
Estas configuraciones funerarias demuestran que el conocimiento del linaje familiar iba más allá del simple núcleo cercano. Así, las relaciones de segundo o tercer grado ocupaban un lugar importante en los ritos, señal de un reconocimiento social de los lazos ampliados.
Para establecer estos parentescos, los investigadores compararon la proporción de ADN compartido. Los parientes de primer grado, como padres e hijos, poseen aproximadamente un 50% de ADN en común, mientras que los primos comparten alrededor de un 12,5%.
Este descubrimiento proporciona así un nuevo ángulo sobre la organización social de los cazadores-recolectores. Indica que las comunidades concedían importancia a las redes de parentesco extendidas, lo que podía solidificar la cohesión y las probabilidades de supervivencia del grupo.
En continuidad, este proyecto piloto prevé examinar a más de 70 individuos adicionales provenientes de Ajvide. El objetivo consiste en refinar la comprensión de las historias de vida y las tradiciones funerarias de estas antiguas poblaciones.
La vida social de los cazadores-recolectores neolíticos
Los cazadores-recolectores del Neolítico evolucionaban en pequeños grupos móviles, dependientes de recursos naturales como la caza y la pesca. Su perdurabilidad reposaba en la cooperación, el compartir conocimientos y una organización flexible según las estaciones. Estas comunidades mantenían regularmente vínculos con otros grupos para intercambiar bienes o parejas.
Las redes de parentesco ampliadas jugaban un papel central en la ayuda mutua y la transmisión cultural. Las uniones entre diferentes grupos permitían consolidar alianzas y limitaban la consanguinidad. Tales prácticas fomentaban la diversidad genética y una mejor adaptación a las evoluciones del medio.
Los ritos funerarios, a imagen de los observados en Ajvide, materializan estos valores sociales. Enterrar a parientes lejanos juntos podía representar la unidad del clan y el respeto hacia los ancestros. Estos gestos reforzaban la identidad colectiva y los recuerdos comunes dentro de la comunidad.
Fuente: Proc Biol Sci