Desde hace años, los especialistas intentan comprender cómo las imponentes piedras de Stonehenge fueron llevadas hasta su emplazamiento actual, un debate que enfrenta principalmente dos escenarios: un transporte por glaciares o una empresa humana deliberada.
Para resolver esta cuestión, un equipo de la universidad Curtin en Australia recurrió a un método de análisis geológico fino. Los investigadores examinaron sedimentos fluviales cerca del sitio para detectar en ellos posibles huellas dejadas por el hielo.
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Su técnica se basa en el estudio de granos minerales microscópicos, como el zircón. Estos pequeños cristales, particularmente resistentes, preservan una firma química que permite rastrear su recorrido a través del tiempo (ver explicación al final del artículo). Su análisis permite así establecer si provienen de regiones lejanas.
Tras haber examinado minuciosamente más de quinientos cristales de zircón procedentes de los ríos cercanos, los científicos llegaron a una conclusión clara: ningún indicio mineral hace suponer que glaciares hayan alcanzado alguna vez la llanura de Salisbury. Esta ausencia de pruebas respalda por tanto la idea de un transporte intencionado por las poblaciones neolíticas.
La forma precisa en que estas piedras fueron desplazadas sigue abierta a la especulación. Algunos trabajos mencionan un acarreo por vía marítima o terrestre con ayuda de rodillos de madera, aunque estas propuestas no estén formalmente confirmadas. Lo que ahora está establecido es que los glaciares que podrían haber cubierto la región en la época no jugaron el papel principal en este desplazamiento.
Publicados en
Communications Earth & Environment, estos trabajos se suman a una serie de descubrimientos recientes que contribuyen a dibujar un panorama coherente de los esfuerzos humanos en la época neolítica.
El análisis de los minerales detríticos
Este método científico permite explorar la historia geológica examinando granos de minerales transportados por el agua o el viento. Los investigadores recogen sedimentos, como la arena de los ríos, y extraen de ellos cristales como el zircón o la apatita.
Estos minerales son seleccionados por su durabilidad y su aptitud para conservar información sobre su formación. Cada grano posee una composición química única que actúa como una huella, revelando su edad y su región de origen.
Al comparar estas huellas con las de rocas conocidas, se hace posible rastrear los desplazamientos pasados de los materiales. Este enfoque se emplea para comprender fenómenos como la erosión, el transporte glaciar o los movimientos tectónicos.
En el caso de Stonehenge, la ausencia de ciertas firmas minerales en los sedimentos locales permitió descartar la hipótesis de un transporte natural por el hielo, orientando hacia una explicación humana.
Fuente: Communications Earth & Environment