Adrien - Viernes 29 Mayo 2026

🌍 La Tierra atraviesa actualmente la nube de cenizas radiactivas de una supernova

La Tierra atraviesa actualmente una nube de escombros radiactivos provenientes de una supernova antigua. Se han encontrado rastros de hierro-60, un isótopo que solo se forma durante la explosión de estrellas masivas, en el hielo de la Antártida. Este descubrimiento muestra que nuestro Sistema Solar se baña hoy en las cenizas de una estrella muerta hace mucho tiempo.

Para entender esta rareza, hay que saber que el hierro-60 se produce únicamente en el núcleo de las estrellas gigantes y es expulsado al espacio durante su explosión como supernova. Hasta ahora, los científicos creían que los rastros de este elemento radiactivo encontrados en la Tierra databan de explosiones ocurridas hace millones de años. Sin embargo, mediciones recientes en la nieve antártica reciente han mostrado la presencia de hierro-60, lo que sorprendió a los investigadores, ya que no ha ocurrido ninguna supernova reciente cerca.


Trayectoria del Sistema Solar a través de la Nube Interestelar Local. El perfil de la nube se conserva como una huella interestelar en el hielo antártico.
Crédito: B. Schröder/HZDR/ NASA/Goddard/Adler/U.Chicago/Wesleyan


El equipo internacional dirigido por el Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR) planteó entonces una hipótesis audaz: la nube interestelar local, en la que se desplaza nuestro Sistema Solar, podría contener hierro-60 desde hace milenios. Al atravesar esta nube, la Tierra recolectaría estas partículas radiactivas. Para verificar esta idea, los científicos analizaron núcleos de hielo antártico de entre 40 000 y 80 000 años de antigüedad.

Los resultados del estudio, publicados en Physical Review Letters, muestran que la cantidad de hierro-60 en el hielo antiguo es menor que en la nieve reciente. Esto indica que nuestro Sistema Solar entró en la nube hace unas decenas de miles de años y saldrá de ella dentro de unos miles de años. Las fluctuaciones de la señal de hierro-60 en escalas de tiempo cósmicas cortas permiten descartar la hipótesis de residuos de supernovas antiguas.

Para llegar a esta deducción, los investigadores desplegaron considerables medios técnicos. Se transportaron aproximadamente 300 kilogramos de hielo desde el Instituto Alfred Wegener a Dresde para su análisis químico. Tras un proceso exhaustivo, solo quedaron unos cientos de miligramos de polvo. Los científicos aislaron luego el hierro-60 con cuidado, verificando sus métodos con ayuda de otros isótopos como el berilio-10 y el aluminio-26, cuyas concentraciones en el hielo son bien conocidas.

La detección en sí requirió el acelerador de iones pesados de la Universidad Nacional Australiana, el único instrumento en el mundo capaz de detectar cantidades infinitesimales de hierro-60. Es como buscar una aguja en 50 000 estadios de fútbol llenos de heno: la máquina encuentra la aguja en una hora. Esta proeza técnica permitió confirmar que la nube interestelar local es la fuente del hierro-60, vinculando así nuestro entorno cósmico inmediato con una explosión estelar.

Los científicos planean ahora analizar núcleos de hielo aún más antiguos, anteriores a la entrada del Sistema Solar en la nube. Esto podría revelar la estructura del medio interestelar y la historia de las supernovas cercanas. Por primera vez, tenemos la posibilidad de estudiar el origen de estas nubes que rodean nuestro Sistema Solar, trazando nuestro viaje a través de la Galaxia.

Fuente: Physical Review Letters
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