Aproximadamente un tercio de la humanidad posee un parásito oculto en el cerebro. Durante mucho tiempo se percibió como inactivo, pero se acaba de descubrir que este último posee una actividad inesperada y estructurada.
Un equipo de la Universidad de California en Riverside publicó resultados en
Nature Communications. Sus trabajos indican que Toxoplasma gondii, causante de la toxoplasmosis, presenta una organización biológica mucho más elaborada de lo que se suponía.
Hasta ahora, nuestro conocimiento describía los quistes formados por el parásito como reservorios homogéneos e inactivos. Gracias a métodos de análisis unicelular, los investigadores identificaron varios subtipos distintos dentro de cada quiste. Emma Wilson, profesora en ciencias biomédicas, compara estas estructuras con centros activos donde diferentes parásitos desempeñan roles específicos para la supervivencia o propagación.
Estos quistes se desarrollan principalmente en neuronas y tejidos musculares, alcanzando hasta 80 micrones de diámetro. Contienen cientos de parásitos llamados bradizoítos, que miden aproximadamente cinco micrones. El consumo de carne mal cocida, que puede albergarlos, es una vía común de infección en humanos.
Esta diversidad interna de los quistes juega un papel determinante en la persistencia de la infección y la transmisión de la enfermedad. Cuando el sistema inmunitario se debilita, algunos subtipos pueden reactivarse en formas agresivas, causando daños neurológicos u oculares.
El estudio superó obstáculos técnicos utilizando un modelo murino cercano a la infección natural. Los ratones, huéspedes intermediarios naturales, acumulan muchos quistes en el cerebro. Aislándolos y analizando los parásitos individualmente, los científicos obtuvieron una vista detallada de la infección crónica en tejidos vivos, lo que antes era difícil.
Estos descubrimientos orientan ahora la investigación hacia objetivos terapéuticos más precisos. Identificando los subtipos más susceptibles de reactivarse, se pueden considerar tratamientos dirigidos específicamente a los quistes. Esto representa una esperanza para manejar mejor la toxoplasmosis, especialmente en casos de riesgo como las infecciones durante el embarazo.
El ciclo de vida de Toxoplasma gondii
Este parásito sigue un ciclo que involucra varios huéspedes. Los gatos, que son huéspedes definitivos, excretan ooquistes en sus heces, que contaminan el suelo o el agua. Los humanos y otros animales como los ratones, huéspedes intermediarios, se infectan al ingerir estos ooquistes o al consumir carne que contiene quistes.
Una vez en el interior, el parásito penetra las células y se multiplica rápidamente en forma de taquizoítos. Se desplaza por el cuerpo a través del torrente sanguíneo, pudiendo llegar a varios órganos como el cerebro o los músculos. Esta fase corresponde a la infección aguda, a menudo asintomática en personas sanas.
Para escapar del sistema inmunitario, los taquizoítos se transforman en bradizoítos y forman quistes en los tejidos. Estas estructuras permiten al parásito persistir de por vida, permaneciendo generalmente inactivas. El ciclo se completa cuando huéspedes intermediarios infectados son consumidos por gatos, permitiendo al parásito reproducirse sexualmente.
Este conocimiento del ciclo aclara la razón por la cual Toxoplasma está tan extendido y es difícil de erradicar. Los quistes aseguran su transmisión entre especies y su resistencia a los tratamientos, lo que lo convierte en un desafío mayor para la salud pública.
Fuente: Nature Communications