Adrien - Domingo 8 Febrero 2026

🧠 La siesta mejora la capacidad de aprendizaje del cerebro

Una pausa para dormir puede ayudar al cerebro a regenerarse y a mejorar su capacidad de aprendizaje. Esta es la conclusión de un estudio realizado por el Hospital Universitario de Friburgo (Alemania), los Hospitales Universitarios de Ginebra (HUG) y la Universidad de Ginebra (UNIGE).

Los científicos demuestran que un breve sueño ayuda a reorganizar las conexiones neuronales facilitando la codificación de nueva información. Hasta ahora, estos beneficios solo se habían observado después de una noche completa de sueño. Un estudio para descubrir en la revista NeuroImage.


Imagen de ilustración Pixabay

"Nuestros resultados muestran que incluso una fase de sueño corta puede colocar al cerebro en un estado propicio para el aprendizaje y la memorización", explica el responsable del estudio, el Prof. Christoph Nissen, médico jefe del Servicio de Especialidades Psiquiátricas de los HUG y profesor ordinario del Departamento de Psiquiatría de la UNIGE. Dirigió este estudio durante su mandato como director médico del centro del sueño en la clínica de psiquiatría y psicoterapia del Hospital Universitario de Friburgo.

Actividades del cerebro durante la siesta



El cerebro está activo permanentemente durante el día. Nuevas impresiones, pensamientos e información son procesados, lo que refuerza las conexiones entre las neuronas (sinapsis), que constituyen una base neuronal importante para el aprendizaje. Sin embargo, conducen a una saturación que reduce la capacidad del cerebro para codificar nueva información con el tiempo. El sueño ayuda a regular esta actividad excesiva sin perder información importante.

"El estudio muestra que este 'reinicio sináptico' ya ocurre después de una siesta y que nueva información puede luego almacenarse potencialmente mejor", explica el Prof. Christoph Nissen. "Este estudio nos ayuda a comprender la importancia de las fases cortas de sueño para la recuperación mental", continúa el Prof. Kai Spiegelhalder, director de la sección de investigación psiquiátrica sobre el sueño y de medicina del sueño de la clínica de psiquiatría y psicoterapia del Hospital Universitario de Friburgo. "Un sueño corto puede ayudar a recuperar la claridad mental y a mantenerse concentrado", añade.

Metodología del estudio


Veinte adultos jóvenes sanos participaron en el estudio. En dos tardes distintas, los mismos participantes realizaron una siesta en una de las sesiones y permanecieron despiertos en la otra. La siesta duraba en promedio 45 minutos. Como no se recomienda medir directamente las sinapsis en personas sanas, el equipo de investigación utilizó métodos no invasivos, como la estimulación magnética transcraneal (EMT) y el electroencefalograma (EEG), para inferir la fuerza y la flexibilidad de las sinapsis.

Los resultados mostraron que la fuerza sináptica global en el cerebro se reducía después de la siesta, lo que indica el efecto reparador del sueño. Al mismo tiempo, la capacidad del cerebro para formar nuevas conexiones estaba claramente mejorada. Después de una siesta, el cerebro estaba por tanto mejor preparado para codificar nueva información que si hubiera permanecido despierto durante un período de tiempo equivalente.

Aplicaciones en la vida diaria y perspectivas



El estudio proporciona una explicación biológica a la observación de que las personas a menudo rinden más después de una siesta. Podría ser especialmente útil en profesiones o actividades que exigen una gran capacidad de rendimiento mental o físico, como la música, el deporte o los ámbitos críticos para la seguridad. Allí se podría recomendar una siesta corta para mantener la eficacia. "Una siesta puede ayudar a mantener el rendimiento, incluso en caso de una fuerte carga de trabajo", explica el Prof. Christoph Nissen.

Los científicos subrayan que no debe deducirse de este estudio que problemas de sueño ocasionales conduzcan automáticamente a una bajada de rendimiento. En particular en el caso de un insomnio crónico, los sistemas de regulación del sueño y de la vigilia están en gran parte intactos. Son más bien las preocupaciones generadas por el miedo a permanecer despierto las que plantean problemas. En tales casos, una terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) es más apropiada que los somníferos, ya que estos últimos perturban los procesos de recuperación naturales del cerebro y pueden conducir a una dependencia.

Fuente: Universidad de Ginebra
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