Desde hace más de cien años, las magníficas pinturas de la cueva de Font-de-Gaume intrigan a los científicos. Sin embargo, una pregunta esencial seguía sin respuesta: su edad exacta. Ningún método de datación directa había funcionado.
Los arqueólogos suponían que los pigmentos no contenían carbono, lo que hacía inutilizable el radiocarbono. Pero un estudio reciente ha revolucionado esta idea. Al analizar cuidadosamente la composición química de los dibujos negros, los investigadores descubrieron la presencia de carbón vegetal, abriendo una nueva vía para datar estas obras maestras prehistóricas.
Imagen hiperespectral del panel Carrefour obtenida mediante imágenes por reflectancia, que muestra el contraste entre las figuras realizadas con negro de carbón (en rojo) y aquellas con óxidos de manganeso (en verde).
Crédito: TU Delft, Matthias Alfeld
Hasta entonces, los pigmentos negros del arte paleolítico de la región se consideraban a base de óxidos de hierro y manganeso. Se pensaba que no contenían materia orgánica, lo que impedía la datación por carbono 14. Esta hipótesis nunca se había verificado en profundidad. Por ello, los investigadores decidieron examinar minuciosamente dos figuras: un bisonte y una máscara. Para ello, emplearon técnicas no invasivas como la microespectrometría Raman y la imagen hiperespectral, que permiten analizar la composición sin dañar las obras.
Estos análisis depararon una sorpresa: se detectaron trazas de carbón vegetal en los pigmentos negros. El carbón estaba presente de manera homogénea en los trazos de las figuras, lo que descarta una contaminación moderna debida a visitantes o grafitis. Este descubrimiento abrió la vía a una datación directa. Los científicos solicitaron entonces un permiso excepcional para tomar diminutas muestras. El procedimiento era delicado, ya que las cantidades disponibles eran ínfimas, pero suficientes para realizar mediciones por radiocarbono.
Las dataciones obtenidas confirman que estas obras pertenecen al Paleolítico superior, con edades ligeramente más recientes que las estimaciones anteriores. El bisonte fue pintado entre 13 461 y 13 162 años antes del presente (cal BP). En cuanto a la máscara, diferentes partes revelaron fechas distintas: de 8 993 a 8 590 cal BP, de 15 981 a 15 121 cal BP, y de 15 297 a 14 246 cal BP. Esta diversidad indica que la máscara fue realizada o modificada en varias épocas, ofreciendo así una información inédita sobre las prácticas artísticas.
Pinturas rupestres de la cueva de Font-de-Gaume, Dordoña.
Crédito: Centre des monuments nationaux / Centre de recherche et de restauration des musées de France, Anne Maigret
Este método de análisis químico abre la vía a la datación de otras figuras paleolíticas en la región. Hasta ahora, el arte parietal de la Dordoña, incluido el de Lascaux, no había podido ser datado directamente. Con esta técnica, los investigadores esperan construir una cronología más precisa del arte de las cavernas, lo que permitiría comprender mejor la evolución de las técnicas artísticas y los desplazamientos de las poblaciones prehistóricas. El estudio, publicado en la revista
PNAS, marca un punto de inflexión en la arqueología del arte.
Las implicaciones de este descubrimiento trascienden el único yacimiento de Font-de-Gaume. Aplicando el mismo enfoque a otras cuevas decoradas, los científicos podrían resolver una de las mayores cuestiones de la prehistoria: la cronología del arte parietal. Cada nueva datación permitirá relacionar las obras entre sí y con los vestigios arqueológicos.
La datación por carbono 14
El carbono 14 es un isótopo radiactivo presente en todos los seres vivos. Cuando un organismo muere, deja de absorberlo y la cantidad de carbono 14 disminuye lentamente a un ritmo conocido. Midiendo el carbono 14 restante en una muestra, se puede calcular su edad, hasta aproximadamente 50 000 años.
Para datar las pinturas, es necesario encontrar carbono orgánico, como el carbón vegetal. Los pigmentos minerales no lo contienen. El descubrimiento de carbón en los dibujos fue, por tanto, determinante. Los científicos tomaron diminutos fragmentos y luego los quemaron para extraer el carbono. Este fue analizado en un acelerador de partículas.
Los resultados se expresan en años antes del presente (BP), con una calibración que tiene en cuenta las fluctuaciones pasadas del carbono 14 en la atmósfera. Así, las fechas obtenidas son fiables y comparables entre yacimientos.
Fuente: PNAS