Fotografiar un relámpago en el momento exacto en que golpea puede considerarse un golpe de suerte. Capturar el inicio de una explosión en la superficie de una estrella presenta una dificultad similar para los astrónomos, ya que estos eventos son tanto breves como impredecibles. La comunidad científica, sin embargo, se esfuerza constantemente por capturar estos instantes fugaces, para comprender mejor los mecanismos de los fenómenos cósmicos más energéticos.
En noviembre de 2024, un instrumento espacial, el SVOM/GRM, logró una hazaña excepcional al detectar una superllamarada, una erupción gigantesca, en la estrella HD 22468 en el mismo momento de su inicio. Esta observación constituye una primicia para una estrella de tipo RS CVn, ofreciendo así una visión directa de estas explosiones de una violencia inusual.
Ilustración artística de una tormenta solar eruptiva.
Crédito: NASA's Goddard Space Flight Center/Genna Duberstein
Una superllamarada corresponde a una liberación súbita de energía en la superficie de una estrella, de una intensidad muy superior a las erupciones de nuestro Sol. En el espacio de unos pocos minutos, puede emitir el equivalente a varios meses de la energía emitida normalmente por la estrella. Estos eventos extremos hacen que la estrella brille temporalmente con una intensidad aumentada, particularmente en las longitudes de onda de alta energía como los rayos X.
Las estrellas de tipo RS CVn son generalmente sistemas binarios donde dos estrellas orbitan muy cerca la una de la otra. Esta proximidad genera interacciones magnéticas particularmente fuertes, haciendo que estos astros sean notablemente activos. Su corona, una región extremadamente caliente, acumula tensiones magnéticas que se liberan de manera brutal durante las superllamaradas.
El análisis de los datos recolectados mostró temperaturas que alcanzaron hasta 100 millones de grados. El pico de emisión en rayos X duros llegó primero, seguido por una emisión más prolongada en rayos X blandos y en luz visible. Esta cronología de los eventos ayuda a reconstruir la manera en que la energía se difunde durante estas explosiones.
Estas mediciones precisas permiten mejorar los modelos informáticos que describen el comportamiento de las estrellas. Una mejor comprensión de las superllamaradas ayuda también a evaluar su impacto potencial en las exoplanetas circundantes, particularmente en lo que respecta a su habitabilidad.
Fuente: arXiv