Adrien - Sábado 4 Julio 2026

🛰️ Primera: una grúa espacial en camino para salvar el telescopio Swift

Una misión de rescate orbital sin precedentes acaba de despegar para evitar que un telescopio de la NASA se precipite en la atmósfera terrestre.

Lanzado este viernes 3 de julio desde las Islas Marshall, la nave Link de la misión Swift Boost debe reunirse con el observatorio Swift, que está perdiendo altitud desde hace varios meses. Sin esta intervención, este cazador de estallidos de rayos gamma estará condenado a estrellarse contra la Tierra antes de finales de año.


Ilustración de la nave espacial LINK (a la izquierda) acoplándose al observatorio Swift de la NASA para modificar su órbita.
Crédito: Katalyst Space

El lanzamiento tuvo lugar a bordo de un avión Lockheed Martin L-1011 modificado, que soltó en vuelo un cohete Pegasus XL, el cual propulsó a Link a la órbita. Este despegue fue precedido de dos aplazamientos, primero debido al clima y luego a un problema de software. Los ingenieros verifican ahora que los paneles solares se hayan desplegado correctamente y que los sistemas eléctricos funcionen.


Link fue desarrollado por la empresa privada Katalyst Space por un monto de 30 millones de dólares. Su objetivo: acoplarse a Swift, que orbita desde 2004, y elevarlo a una altitud estable gracias a sus brazos robóticos y propulsores. Swift sigue siendo plenamente operativo para la ciencia, pero la resistencia atmosférica lo hace descender inexorablemente.

Esta misión fue decidida en septiembre pasado, después de que la mayor actividad solar inflara la atmósfera terrestre, acelerando la caída de Swift. Katalyst Space tuvo que diseñar, construir y probar Link en menos de un año, un gran desafío. Según Shawn Domagal-Goldman, director de la división de astrofísica de la NASA, los beneficios justifican esta misión, ya que reemplazar a Swift costaría mucho más.

El equipo en tierra modificó las operaciones de Swift para ofrecerle a Link el máximo tiempo. Por ejemplo, la toma de imágenes científicas se redujo al mínimo, y el telescopio se orienta de manera que ofrezca la menor resistencia al viento solar. También se redujo el consumo eléctrico para que los paneles solares adopten una posición más aerodinámica. Estos ajustes deberían permitir que Swift se mantenga por encima de la altitud mínima de rescate (298 km) hasta el otoño.


Los ingenieros de Katalyst fijan Link a una placa base en el simulador de entorno espacial del Goddard Space Flight Center de la NASA, el 28 de abril de 2026. El equipo probó los propulsores iónicos y un brazo robótico en condiciones de temperatura espacial.
Crédito: NASA/Sophia Roberts

A Link le tomará aproximadamente un mes acercarse y acoplarse a Swift. Sus brazos robóticos agarrarán el observatorio, luego sus propulsores lo impulsarán hacia una órbita de 595 km, muy por encima de la Estación Espacial Internacional. A esa altitud, un vehículo puede permanecer en órbita durante unos 25 años. Si los instrumentos de Swift aguantan, los astrónomos podrían beneficiarse de muchos años adicionales de observaciones.

La reparación en órbita: un paso hacia una presencia espacial sostenible



Hasta ahora, la mayoría de los satélites se consideraban objetos desechables: una vez averiados u obsoletos, permanecían en órbita o se consumían en la atmósfera. Pero la misión Swift Boost cambia el panorama al demostrar que es posible prolongar la vida de un vehículo espacial mediante operaciones robóticas.

Katalyst Space aspira a desarrollar un sector de servicios en órbita: reparación, reabastecimiento, reposicionamiento. Estas capacidades serán esenciales para las futuras infraestructuras espaciales, como estaciones o telescopios gigantes. La empresa espera que esta primera misión abra el camino a un mercado lucrativo.

El concepto no es nuevo: la NASA ya probó el reabastecimiento en órbita con la misión Robotic Refueling Mission en la Estación Espacial Internacional. Pero la aplicación a un satélite en peligro, no diseñado para ser mantenido, representa un salto tecnológico importante.

Los estallidos de rayos gamma: mensajeros de catástrofes cósmicas


Swift fue diseñado para estudiar los estallidos de rayos gamma, las explosiones más poderosas del Universo después del Big Bang. Estos fenómenos son provocados por el colapso de estrellas masivas en agujeros negros, o por la fusión de estrellas de neutrones. Liberan en pocos segundos tanta energía como el Sol en diez mil millones de años.

El observatorio puede girar rápidamente para apuntar sus tres instrumentos (telescopios de rayos gamma, rayos X y óptico) hacia la fuente del estallido. Luego alerta a otros telescopios en tierra y en el espacio para observaciones complementarias. Esta capacidad de reacción lo convierte en una herramienta valiosa para la astronomía de fenómenos transitorios.

Más allá de los estallidos de rayos gamma, Swift ha observado cometas, asteroides, supernovas e incluso agujeros negros desgarrando estrellas. Su capacidad para vigilar el cielo en varias longitudes de onda lo convierte en una verdadera navaja suiza de la astrofísica.

Fuente: Actualización de la misión Swift Boost de la NASA
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