Adrien - Viernes 6 Marzo 2026

💤 ¿Por qué a veces nos da un "bajón" después del almuerzo?

Las comidas del mediodía a veces van seguidas de un momento de fatiga. La concentración disminuye, los párpados se vuelven pesados y aparece la necesidad de hacer una siesta. Este fenómeno es tan frecuente que tiene un nombre científico: la somnolencia posprandial, es decir, la sensación de sueño que surge después de una comida.

Varios mecanismos biológicos pueden explicar esta sensación. Uno de los más conocidos concierne a la digestión. Cuando comemos, el sistema digestivo se activa intensamente para procesar los alimentos. Esta fase se acompaña de una activación del sistema nervioso parasimpático, a menudo descrito como el modo "descanso y digestión". Esta respuesta fisiológica favorece un estado de relajación y puede disminuir temporalmente la vigilancia, un mecanismo descrito en las investigaciones sobre la somnolencia después de comer.


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La variación del nivel de azúcar en la sangre también juega un papel. Después de una comida, la glucemia aumenta, lo que provoca la liberación de insulina para permitir que las células utilicen la glucosa como fuente de energía. Cuando las fluctuaciones de glucemia son importantes, algunas personas sienten una disminución de energía o una sensación de fatiga. Especialistas en metabolismo explican, por ejemplo, que las variaciones de glucemia después de una comida pueden contribuir a la fatiga posprandial, en particular cuando la alimentación contiene muchos carbohidratos de absorción rápida.

El tipo y la cantidad de alimentos consumidos también influyen en esta somnolencia. Las comidas muy copiosas requieren más trabajo digestivo y pueden acentuar la sensación de pesadez. Las comidas ricas en carbohidratos rápidos también pueden provocar un rápido aumento de la glucemia seguido de una bajada más marcada. Esta combinación puede reforzar el famoso "bajón" que a veces sentimos después del almuerzo.

Pero el almuerzo no es el único responsable. El cuerpo humano posee un reloj biológico llamado ritmo circadiano, que regula los períodos de vigilia y sueño a lo largo de aproximadamente 24 horas. En muchas personas, este reloj provoca naturalmente una disminución de la vigilancia a primera hora de la tarde. Este fenómeno, a veces llamado "post-lunch dip", ha sido estudiado en investigaciones sobre el rendimiento cognitivo, en particular en trabajos científicos que analizan la disminución de la vigilancia observada después del almuerzo.

Investigaciones también muestran que el horario de las comidas puede influir en algunos ritmos biológicos, en particular aquellos relacionados con el metabolismo de la glucosa. La alimentación participa así en la sincronización de varios procesos fisiológicos con el reloj interno. Estudios sobre los ritmos metabólicos explican, por ejemplo, que el momento de las comidas puede influir en los ciclos metabólicos y circadianos, lo que contribuye a modular la energía que se siente a lo largo del día.

En la práctica, el bajón después del almuerzo a menudo resulta de varios factores combinados: digestión activa, variaciones de glucemia y bajada natural de la vigilancia ligada al reloj biológico. La abundancia de la comida, la calidad del sueño o incluso el nivel de actividad física también pueden amplificar o reducir esta sensación de fatiga.
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