Adrien - Sábado 28 Febrero 2026

🌗 ¿Por qué los eclipses del Sol y de la Luna van en pares?

¿Por qué no ocurren eclipses, en algún lugar de la Tierra, en cada luna llena o nueva? Y ¿por qué, cuando ocurre, un eclipse de Sol generalmente es seguido o precedido por un eclipse de Luna?

La Luna no sigue exactamente el mismo camino que el Sol en el cielo. Su órbita está inclinada unos cinco grados respecto al plano de la eclíptica, la trayectoria aparente de nuestra estrella. Así, durante la luna nueva, nuestro satélite a menudo se desliza demasiado alto o demasiado bajo para proyectar su sombra sobre la Tierra. De la misma manera, en la luna llena, nuestro satélite generalmente pasa fuera de la sombra de nuestro planeta. Esta ligera inclinación impide, por tanto, que los alineamientos perfectos necesarios para los eclipses ocurran en cada ciclo.


Imagen Wikimedia

Sin embargo, existen periodos propicios, llamados temporadas de eclipses, que permiten que estos fenómenos se manifiesten. Con una duración de aproximadamente un mes, se presentan aproximadamente dos veces al año. Durante estas ventanas, el Sol se posiciona cerca de los puntos donde la órbita lunar cruza el plano de la eclíptica, llamados nodos lunares. Esta configuración geométrica permite entonces un eclipse, siempre que una luna nueva o una luna llena coincida con esta oportunidad.


Los eclipses solares y lunares, por cierto, se manifiestan frecuentemente en dúo, con unas semanas de intervalo. Cuando una luna nueva ocurre cerca de un nodo lunar, puede generar un eclipse solar. Aproximadamente quince días después, la luna llena situada cerca del nodo opuesto puede a su vez atravesar la sombra terrestre, dando lugar a un eclipse lunar.

El año 2026 ilustrará perfectamente esta mecánica. La primera temporada comenzó el 17 de febrero con un eclipse anular del Sol, visible principalmente desde la Antártida en forma de un fino anillo luminoso. Será seguido, este 3 de marzo, por un eclipse total de Luna, observable desde el este de Asia, Australia y el oeste de América del Norte, donde la Luna tomará un tono cobrizo.

La segunda temporada de eclipses de 2026, en agosto, promete espectáculos igualmente notables. El 12 de agosto, un eclipse total de Sol sumirá en la oscuridad una franja estrecha que atraviesa Groenlandia, Islandia y el norte de España. Un eclipse parcial de Luna cerrará esta ventana el 28 de agosto, visible desde las Américas, Europa y África. Estas citas confirman que el cielo sigue ciclos predecibles, ofreciendo regularmente observaciones únicas.

Los nodos lunares y su movimiento


Los nodos lunares son dos puntos invisibles en el espacio donde la órbita de la Luna cruza el plano de la eclíptica. Juegan un papel fundamental en el desencadenamiento de los eclipses. Sin su existencia, los alineamientos perfectos entre la Tierra, la Luna y el Sol serían aún más raros.

Estos nodos no son fijos. Se desplazan lentamente a lo largo de la órbita lunar en un movimiento retrógrado, es decir, hacia el oeste, completando una vuelta en aproximadamente 18,6 años. Esta lenta migración modifica progresivamente los momentos en que el Sol se acerca a ellos, desplazando así las temporadas de eclipses de un año a otro.


Este desplazamiento explica por qué los eclipses no se repiten exactamente en el mismo lugar o en la misma fecha. Contribuye a la diversidad de las trayectorias de la sombra sobre la Tierra. La comprensión de este ciclo permite a los astrónomos predecir los eclipses con gran exactitud durante siglos.

El estudio de los nodos lunares se remonta a la antigüedad, donde los primeros astrónomos observaron sus patrones. Hoy en día, los cálculos orbitales, como los llevados a cabo por la NASA, utilizan esta información para establecer calendarios detallados de futuros eclipses, ayudando a los observadores a planificar sus sesiones.

Fuente: NASA
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