¿Cómo es que podemos formar frases nuevas en cada conversación, sin aparente esfuerzo? Una interrogante que ha ocupado a los científicos durante mucho tiempo recibe hoy una respuesta original. Trabajos recientes proponen que nuestro dominio del lenguaje se basaría en procedimientos más inmediatos de lo que las teorías clásicas daban a entender.
Investigadores en psicología, Morten H. Christiansen y Yngwie A. Nielsen, han explorado esta pista en un estudio publicado en
Nature Human Behaviour. Sus trabajos cuestionan la idea de que la gramática jerárquica sea esencial para el lenguaje. Proponen más bien que utilizamos comúnmente secuencias de palabras preensambladas, como piezas de construcción reutilizables.
Imagen de ilustración Pixabay
Tradicionalmente, se compara la estructura de las frases con un árbol con ramas. Para ilustrar su enfoque, los autores proponen una analogía diferente: imaginen bloques LEGO que se combinan para crear formas. Del mismo modo, nuestra mente ensamblaría grupos de palabras frecuentes, como 'en medio de' o 'me pregunto si', sin recurrir a reglas abstractas muy elaboradas. Estos elementos servirían entonces de base para construir enunciados completos, un poco como se usan módulos listos para usar.
Llamadas no constituyentes, estas secuencias no se corresponden con las unidades gramaticales clásicas. Sin embargo, son omnipresentes en nuestros intercambios. Los científicos han constatado que incluso estos patrones lineales influyen en nuestra comprensión, lo que indica que forman parte integral de nuestro conocimiento intuitivo de la lengua. En consecuencia, esta observación viene a enriquecer nuestra visión de cómo dominamos el habla cotidiana.
Para apoyar su hipótesis, el equipo realizó experimentos de eye-tracking y analizó conversaciones telefónicas. De ello se desprende que cuando encontramos una secuencia de palabras ya escuchada, la procesamos más rápidamente. Este efecto de priming muestra que estos modelos están almacenados en la memoria y facilitan la producción del lenguaje. En realidad, nuestro cerebro se apoya por tanto en repeticiones frecuentes para ganar en eficiencia.
Esta perspectiva abre pistas para entender cómo los niños aprenden a hablar o cómo los adultos adquieren un nuevo idioma. Si la sintaxis jerárquica no es indispensable, la frontera entre el lenguaje humano y los sistemas de comunicación animal podría estar menos marcada de lo que se pensaba. Los investigadores estiman que estos descubrimientos podrían inspirar nuevos enfoques pedagógicos.
Así, este estudio invita a reconsiderar los fundamentos de nuestra facultad lingüística. Muestra que la simplicidad de los patrones de uso común juega un papel clave, complementando las teorías gramaticales establecidas.
Fuente: Nature Human Behaviour