Los satélites de observación ofrecen hoy una visión sin precedentes de los movimientos del océano. Permiten seguir con precisión la trayectoria de olas generadas por tormentas lejanas, mucho después de la disipación de los vientos que las formaron. Esta capacidad de rastrear la energía de las olas a lo largo de miles de kilómetros proporciona información para comprender mejor el impacto de las tormentas en las costas, incluso las distantes.
La misión satelital SWOT, fruto de una colaboración internacional, proporcionó datos determinantes en diciembre de 2024. Al capturar con una precisión sin precedentes la topografía de la superficie oceánica, el instrumento permitió cuantificar la altura y la longitud de onda de marejadas generadas por una tormenta excepcional en el Pacífico Norte.
Estas observaciones directas vienen a llenar un vacío, ya que los modelos numéricos existentes se basaban hasta ahora en pocas mediciones concretas para los eventos más intensos. El análisis de esta información fue objeto de una publicación en
Proceedings of the National Academy of Sciences.
El fenómeno meteorológico y su huella oceánica
La tormenta, identificada con el nombre de Eddie, produjo un campo de olas de una amplitud notable. Las mediciones indican una altura significativa que alcanza los 19,7 metros. Algunas olas individuales incluso se estimaron con crestas que superaban los 35 metros. Estos valores sitúan este evento entre los más potentes de las últimas tres décadas, rivalizando con la tormenta Hercules de 2014 en el Atlántico.
La particularidad de este sistema depresionario reside en la distancia recorrida por su energía. Las marejadas que generó atravesaron el Pacífico, franquearon el paso de Drake, en el extremo de América del Sur, y continuaron su camino en el Atlántico tropical. Este periplo de cerca de 24 000 kilómetros demuestra la capacidad del océano para transportar una fuerza motriz a distancias intercontinentales, mucho después de la disipación de los vientos que le dieron origen.
La energía contenida en estas olas largas se manifestó de manera espectacular en las costas de Hawái y California. La potencia de los rompos permitió la celebración de competiciones de surf que requieren condiciones excepcionales, como el Eddie Aikau Big Wave Invitational. Más allá de este espectáculo, estos rompientes proporcionaron a los científicos una demostración tangible de la propagación de la energía a largas distancias, validando las observaciones satelitales mediante manifestaciones físicas observables.
Evoluciones importantes en la modelización de los estados del mar
Los datos recogidos por el satélite SWOT condujeron a una revisión significativa de la comprensión física de la energía de las olas. Los modelos anteriores, que preveían una distribución de la energía en un amplio espectro de longitudes de onda, parecían sobrestimar la importancia de las olas más largas. El análisis preciso de los espectros reveló que la mayor parte de la potencia se concentraba en realidad en un número limitado de olas dominantes, características de la tormenta misma.
Este descubrimiento modifica fundamentalmente la apreciación del riesgo asociado a las marejadas lejanas. La analogía propuesta por los investigadores compara esta energía con la de un boxeador que apuesta por la potencia de unos pocos golpes precisos en lugar de por una sucesión de impactos menos intensos. Esta concentración de energía en las olas principales explica su capacidad para conservar un potencial erosivo y destructivo después de miles de kilómetros de recorrido.
Las implicaciones para la previsión costera y el diseño de infraestructuras son importantes. Una mejor cuantificación de la energía real transportada por las marejadas permite refinar las normas de construcción de diques, puertos y obras en el mar. La comunidad científica dispone ahora de una herramienta de validación sin precedentes para mejorar la precisión de los modelos que sirven para anticipar el impacto de las tormentas extremas en los litorales, incluidos aquellos que no son golpeados directamente por los sistemas meteorológicos.
Autor del artículo: Cédric DEPOND
Fuente: Proceedings of the National Academy of Sciences