Los problemas de peso y de presión arterial no serían solo señales de alarma, sino elementos desencadenantes directos de la demencia. Un nuevo estudio acaba de confirmarlo.
Publicada en
The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, esta investigación se basa en el análisis de datos genéticos y médicos procedentes de grandes cohortes en Dinamarca y el Reino Unido. Para establecer vínculos de causa y efecto, lejos de las simples correlaciones, los científicos adoptaron un enfoque metodológico denominado randomización mendeliana.
Los resultados indican claramente que un índice de masa corporal elevado contribuye directamente al riesgo de demencia. Por otra parte, la hipertensión arterial aparece como un mecanismo explicativo importante de esta relación, lo que pone de relieve el interés de vigilar estos dos parámetros.
Estos descubrimientos abren vías concretas para la prevención. Actuar sobre el peso y la tensión antes de la aparición de los síntomas cognitivos podría así reducir la probabilidad de desarrollar una demencia, en particular en sus formas vasculares. Aunque los medicamentos para la pérdida de peso no hayan mostrado eficacia una vez establecida la enfermedad, una intervención precoz podría cambiar las reglas del juego.
Cómo afectan la obesidad y la hipertensión al cerebro
El exceso de peso y una presión arterial elevada pueden dañar los vasos sanguíneos del cerebro. Este fenómeno reduce el aporte de oxígeno y nutrientes, lo que puede conducir a lesiones cerebrales progresivas y a un declive cognitivo.
La hipertensión, en particular, ejerce una presión constante sobre las arterias, favoreciendo la inflamación y el estrés oxidativo. Estos procesos alteran la función de las neuronas y aceleran la degeneración vinculada a formas de demencia como la demencia vascular.
Además, la obesidad suele estar asociada a desequilibrios metabólicos, como la resistencia a la insulina, que también pueden perjudicar la salud cerebral. Estas múltiples interacciones explican por qué el control de estos factores es importante para preservar las capacidades mentales.
La randomización mendeliana en la práctica
Este método estadístico utiliza variaciones genéticas heredadas para imitar los ensayos aleatorizados. Al explotar el azar de la transmisión genética, permite establecer vínculos causales entre un factor, como la obesidad, y una enfermedad, como la demencia, sin los sesgos de los estudios observacionales.
Su aplicación en este estudio ha permitido confirmar que la obesidad y la hipertensión son causas directas, y no solo factores de riesgo. Esto refuerza la credibilidad de las observaciones y guía las futuras investigaciones en salud pública.
A pesar de sus ventajas, la randomización mendeliana presenta ciertas limitaciones, como la necesidad de variantes genéticas bien identificadas. No obstante, constituye una herramienta interesante para explorar los mecanismos subyacentes a las patologías multifactoriales.
Fuente: The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism