Adrien - Domingo 10 Mayo 2026

🍽️ No es el ayuno intermitente lo que prolonga la vida, sino lo que sucede justo después...

El ayuno intermitente está asociado con una prolongación de la vida. Sin embargo, un reciente estudio de la UT Southwestern cuestiona esta idea: los beneficios provendrían en realidad de la fase de realimentación, no de la privación.

Los gusanos C. elegans son modelos valiosos en los laboratorios: envejecen rápidamente y comparten muchos genes con los humanos. Al someterlos a un ayuno de 24 horas, los científicos observaron un aumento de su esperanza de vida del 41%. Pero el resultado más sorprendente concernía a una proteína llamada NHR-49, que gestiona la quema de grasas durante el ayuno. Contrariamente a lo esperado, la ausencia de esta proteína no redujo el beneficio en la longevidad. Esto orientó la investigación hacia lo que ocurre después del ayuno.


En condiciones normales, cuando la comida escasea, el NHR-49 se activa y ordena a las células que recurran a sus reservas de grasas. Una vez que la comida regresa, esta actividad debe cesar. Los investigadores crearon gusanos genéticamente modificados en los que el NHR-49 permanecía activo incluso después de comer. El resultado fue claro: el efecto beneficioso del ayuno sobre la longevidad desaparecía por completo. Por lo tanto, detener la degradación de lípidos es un paso determinante para obtener beneficio.


Los resultados indican que la capacidad de detener la degradación de lípidos después del ayuno es más importante que el ayuno mismo. Este descubrimiento podría conducir a intervenciones dirigidas a esta vía metabólica, por ejemplo modulando la actividad de la enzima KIN-19. Así, sería posible obtener los beneficios del ayuno sin tener que seguir dietas estrictas, lo que representaría un avance importante para la salud humana.

Según el Dr. Peter Douglas, codirector del estudio, estos trabajos vinculan el metabolismo de los lípidos con la investigación sobre el envejecimiento. Al atacar el envejecimiento mismo, que es el principal factor de riesgo de muchas enfermedades, se podría desarrollar una medicina preventiva que mejore la calidad de vida. Los próximos pasos consistirán en verificar si estos mecanismos se aplican a los humanos y explorar formas de dirigirlos terapéuticamente.

Fuente: Nature Communications
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