Durante mucho tiempo considerada como un objeto capturado desde el cinturón de Kuiper, la tercera luna más grande del planeta Neptuno, Nereida, podría ser en realidad una luna original que sobrevivió a una catástrofe cósmica.
Durante décadas, la teoría dominante afirmaba que Nereida provenía del cinturón de Kuiper, esa vasta región de cuerpos helados más allá de Neptuno. El argumento principal se basaba en su órbita muy excéntrica e irregular, poco común en las lunas originales. Además, la captura de Tritón, la luna más grande de Neptuno, por la gravedad del planeta, debería haber dispersado o destruido cualquier satélite preexistente. Sin embargo, Nereida subsiste intacta.
Imagen de Neptuno y varias de sus lunas tomada por el telescopio espacial James Webb.
Crédito: NASA/ESA/CSASTScI
El telescopio espacial James Webb fue utilizado por un equipo de investigadores para determinar los orígenes de Nereida. Con apenas unos diez minutos de observación, recopilaron suficientes datos para mostrar que Nereida es muy diferente de los objetos conocidos del cinturón de Kuiper. Más rica en hielo de agua, mucho más brillante y reflectante, y de color más azul, tampoco posee los compuestos orgánicos volátiles típicos de esos objetos lejanos.
La composición de Nereida contradice, por tanto, la hipótesis de una captura desde el cinturón de Kuiper. Para respaldar esta idea, los científicos realizaron simulaciones de la dinámica del sistema neptuniano en sus inicios, en el momento en que Tritón fue capturado. Estos modelos muestran que la llegada brusca de Tritón pudo haber proyectado a Nereida a su órbita actual sin destruirla, muy inclinada y alargada.
La historia de esta luna se remonta a 1949, fecha de su descubrimiento por el astrónomo Gerard Kuiper, quien le dio su nombre y presintió su importancia para comprender el extraño sistema de Neptuno.
Mosaico en colores de Tritón, tomado en 1989 por la sonda Voyager 2 durante su sobrevuelo del sistema neptuniano.
Crédito: NASA/JPL/USGS
Fuente: Science Advances