La NASA acaba de revelar un proyecto sorprendente: una base lunar que cubre varios cientos de kilómetros cuadrados. Instalado cerca del polo sur de nuestro satélite, este puesto de avanzada habitado debería hacerse realidad en aproximadamente una década. Su superficie, mucho más extensa de lo que imaginábamos, tiene motivos para causar asombro.
Este tamaño imponente no era un objetivo inicial, sino que surgió de forma natural a partir de las diversas necesidades de tal establecimiento. Los hábitats deberán situarse en colinas soleadas, mientras que los sistemas nucleares de alimentación deben estar alejados al menos un kilómetro por razones de radioprotección. Cada elemento, al ensamblarse, da lugar a una verdadera pequeña ciudad extraterrestre.
Impresión artística de un dron MoonFall de la NASA que ayuda a delimitar el perímetro de la base lunar prevista.
Crédito: NASA
La base se construirá en tres fases. La primera, hasta 2029, tiene como objetivo recopilar información detallada y garantizar un acceso fiable a la superficie lunar. La segunda, de 2029 a 2032, establecerá una capacidad operativa inicial. Finalmente, la tercera fase, más allá de 2032, permitirá una presencia semipermanente de tripulaciones.
Para explorar la región antes de la construcción, se desplegarán drones MoonFall. Estos pequeños robots saltadores partirán en 2028 a bordo de un aterrizador de Firefly Aerospace. También podrán marcar los límites de la futura base, ayudando a identificar las zonas de interés científico y las ubicaciones de las infraestructuras.
Los astronautas de Artemis utilizarán grandes rovers llamados LTV, producidos por Astrolab y Lunar Outpost. Estos vehículos pueden operar de manera autónoma, aterrizar antes de las misiones tripuladas y unirse a las tripulaciones en su lugar de aterrizaje. El objetivo es tener al menos un LTV en el polo sur antes de la llegada de Artemis 4 a finales de 2028.
Este esquema de la NASA ilustra las tres grandes etapas del programa Moon Base, de 2026 a 2032, desde los rovers no presurizados hasta la base permanente.
Crédito: NASA
Paralelamente, China también planea una base lunar. Funcionarios estadounidenses destacan la importancia de llegar primero para establecer "normas de comportamiento responsable". El director de la NASA, Jared Isaacman, subrayó la necesidad de explorar primero, respetando al mismo tiempo el Tratado del Espacio, esperando reciprocidad.
Los contratos recientes de la NASA incluyen 75 millones para Firefly, 219 millones para Astrolab y 220 millones para Lunar Outpost. Blue Origin recibirá 234 millones para entregar los rovers a través de su aterrizador Blue Moon. La misión Artemis 3, una prueba de acoplamiento en órbita, está prevista para mediados de 2027, marcando un paso clave hacia este puesto de avanzada lunar.
El hielo de agua en el polo sur de la Luna
El polo sur lunar alberga inmensas reservas de hielo de agua, atrapadas durante miles de millones de años en los cráteres perpetuamente sombreados. Este recurso es valioso para una base permanente: puede proporcionar agua potable, oxígeno para la respiración e hidrógeno para el combustible de cohetes. Su explotación reduciría considerablemente los costos de transporte desde la Tierra.
Los científicos estiman que la cantidad de hielo podría alcanzar varios miles de millones de toneladas. Sin embargo, su distribución exacta sigue siendo incierta, de ahí la importancia de las misiones de reconocimiento como los drones MoonFall. Extraer y procesar este hielo en el lugar es un desafío tecnológico importante, pero los beneficios potenciales para la exploración lunar futura son inmensos.
La presencia de agua permitiría no solo sostener la vida, sino también producir combustible para misiones más lejanas, como hacia Marte. La base lunar serviría así como una estación de servicio interplanetaria, haciendo más económica la exploración del Sistema Solar.
Fuente: NASA