Durante mucho tiempo, los astrónomos pensaron que los sistemas de estrellas dobles, donde dos astros giran uno alrededor del otro, eran demasiado caóticos para ver nacer planetas en gran número. Las fuerzas gravitacionales en competencia parecían perturbar las agrupaciones sólidas.
Sin embargo, un equipo de la Universidad de Lancashire acaba de cambiar esta percepción.
Simulación de un disco protoplanetario alrededor de una estrella doble volviéndose inestable y fragmentándose, formando planetas.
Crédito: Teasdale et al.
Las simulaciones informáticas realizadas por Matthew Teasdale y sus colegas muestran que, cerca de las dos estrellas, reinan condiciones demasiado violentas para que los planetas puedan emerger, una verdadera "zona prohibida". Pero más allá de cierta distancia, el entorno cambia radicalmente. El disco de gas y polvo permanece igualmente perturbado, pero de esta perturbación se forman planetas en un proceso llamado inestabilidad gravitacional.
Esta inestabilidad puede fragmentar el disco en varios pedazos, dando lugar rápidamente a planetas gigantes gaseosos, similares a Júpiter. "Lo que estamos descubriendo es que estos sistemas pueden ser extremadamente productivos", explica Dimitris Stamatellos, coautor del estudio. Una vez superada la zona peligrosa, los planetas pueden formarse en gran número y muy rápido.
El entorno gravitacional de estos sistemas también tiene un efecto espectacular: algunos planetas pueden ser expulsados completamente de su sistema, convirtiéndose en mundos errantes, flotando solos en el espacio interestelar.
Estos resultados indican que los mundos de dos soles, como el famoso planeta Tatooine de Star Wars, podrían ser mucho menos raros de lo que se imaginaba. Más de 50 planetas circumbinarios – orbitando alrededor de dos estrellas – ya han sido descubiertos, varios de ellos en órbitas muy amplias.
Los astrónomos esperan ahora utilizar instrumentos potentes como el telescopio espacial James Webb o el futuro Extremely Large Telescope para observar estos discos en proceso de fragmentación, y así presenciar en directo el nacimiento de estos planetas.
Esta investigación fue publicada el 27 de abril en la revista
Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.