Investigadores españoles y japoneses han analizado vídeos de peatones y han descubierto un sesgo sorprendente: la mayoría de las personas giran a la izquierda, en sentido antihorario, independientemente de la situación.
Esta preferencia, medida en grupos de diferentes tamaños, resultó ser muy constante. Solo la edad es una excepción: los más jóvenes siguen esta tendencia aún con más fuerza. Propia de los humanos, esta constatación podría revelar facetas desconocidas de nuestro cerebro y de nuestra forma de caminar.
Esta imagen anotada, tomada desde arriba, muestra un patio de escuela en España y los movimientos de adolescentes, indicados por puntos y líneas.
Crédito: 2026 Echeverría-Huarte et al. CC-BY-ND
Para examinar el origen de esta preferencia, el equipo realizó experimentos con grupos de peatones en entornos abiertos o restringidos. Compararon participantes en España y Japón para verificar la influencia cultural. Se estudiaron otros factores como el género, la lateralidad (diestros o zurdos) y el tamaño del grupo. Ninguno mostró un efecto significativo, excepto la edad: los niños y adolescentes tienen un sesgo antihorario más fuerte que los adultos. Esto indica que este comportamiento podría atenuarse con la edad.
Estos trabajos podrían tener aplicaciones en varios campos. Comprender cómo giran las personas ayuda a diseñar espacios públicos más fluidos, como los pasillos de estaciones o los centros comerciales. En arquitectura e ingeniería, estos datos podrían permitir optimizar los flujos de una multitud.
En el plano científico, este sesgo revela una asimetría en nuestra locomoción, quizás relacionada con una diferencia en nuestro sistema nervioso o muscular. Los investigadores creen que incluso podría influir en nuestra comprensión de ciertas funciones cerebrales.
La causa exacta de este comportamiento sigue siendo desconocida. Los científicos han descartado varias hipótesis: tapar un ojo no anula el sesgo, lo que excluye un origen visual simple. Fenómenos globales como la fuerza de Coriolis o el campo magnético terrestre parecen poco probables.
El equipo planea experimentos más avanzados con individuos solos, para identificar posibles mecanismos biomecánicos. Este trabajo podría revelar vínculos con actividades como correr o conducir, donde las pistas suelen recorrerse en sentido antihorario.
En cualquier caso, esta tendencia a girar a la izquierda no es trivial: muestra una particularidad propia de los humanos, ya que la mayoría de los animales se desplazan sin preferencia direccional.
Fuente: Nature Communications