Sería tentador creer que la evolución humana se ha detenido desde que nuestros ancestros salieron de África hace 300 000 años. Sin embargo, un nuevo estudio basado en ADN antiguo revela una realidad muy diferente.
Al analizar el genoma de casi 16 000 individuos que vivieron en Eurasia occidental durante más de 10 000 años, los investigadores han demostrado que la selección natural ha continuado de manera muy activa hasta hoy.
El equipo ha reunido un conjunto de datos colosal, combinando ADN recién extraído de más de 10 000 restos antiguos con miles de genomas ya publicados. Esta riqueza de datos ha permitido detectar cambios sutiles en la frecuencia de los genes, invisibles con muestras más pequeñas. Métodos informáticos avanzados han distinguido luego las verdaderas señales de selección de otras influencias como las migraciones o las fluctuaciones aleatorias.
Las muestras analizadas muestran que la selección natural ha favorecido 479 variantes genéticas que se han vuelto más o menos frecuentes con el tiempo. Muchas están relacionadas con características actuales: piel clara, cabello rojo, resistencia a ciertas infecciones o menor riesgo de enfermedades autoinmunes.
El estudio también muestra que la selección se ha intensificado con el auge de la agricultura. Las nuevas dietas y estilos de vida han creado presiones diferentes. Por ejemplo, genes relacionados con la tuberculosis o la esclerosis múltiple han visto modificada su frecuencia con el tiempo. Más del 60 % de las variantes identificadas están asociadas a rasgos aún actuales.
Sorprendentemente, algunas variantes que aumentan el riesgo de enfermedad celíaca (enfermedad intestinal crónica autoinmune) también se han extendido después de la llegada de la agricultura.
Para lo sucesivo, los investigadores han hecho públicos sus datos y métodos. Planean aplicar el mismo enfoque a otras regiones y períodos más antiguos. Esto podría revelar si presiones selectivas similares han actuado sobre los grupos humanos a lo largo del globo. Estos trabajos también podrían ayudar a identificar nuevos factores de enfermedad, mejorando la predicción de riesgos y los tratamientos.
Fuente: Nature