Un estudio publicado en Nature revela que las pequeñas zonas de deforestación, a menudo menores de 2 hectáreas, en los bosques tropicales húmedos son responsables de más de la mitad de las pérdidas de carbono durante los últimos 30 años.
África y el Sudeste Asiático son particularmente vulnerables. Llevada a cabo por un equipo internacional dirigido por el Laboratorio de Ciencias del Clima y del Medio Ambiente (CEA/CNRS/UVSQ), esta investigación pone de relieve el impacto desproporcionado de las pequeñas actividades humanas en la pérdida de carbono forestal, subrayando la necesidad de protección y políticas de lucha contra la deforestación en todos los niveles para salvaguardar estos ecosistemas vitales.
Los bosques tropicales tienen reservas de carbono muy elevadas en la biomasa y desempeñan un papel esencial en la lucha contra el cambio climático. Almacenan cerca de la mitad del carbono forestal terrestre, pero están gravemente amenazados por las actividades humanas.
Un reciente estudio realizado por un equipo de investigadores internacionales que integra datos satelitales de alta resolución, muestra que las pequeñas perturbaciones (menos de 2 hectáreas, el equivalente a 2 campos de fútbol) representan solo el 5 % de las zonas deforestadas, pero son el origen del 56 % de las pérdidas netas de carbono. Estas pérdidas se deben principalmente a la conversión persistente de bosques en cultivos, pastos, carreteras o zonas urbanas.
"Nuestro estudio revela que las pequeñas perturbaciones forestales, y no solo las grandes deforestaciones o los incendios que se ven típicamente en la Amazonía, son la causa de la mayoría de las pérdidas de carbono tropical. Proteger los bosques jóvenes en regeneración es tan esencial como prevenir la deforestación", explica Yidi Xu, investigadora postdoctoral en el LSCE y primera autora del estudio.
Los resultados ponen de relieve tres prioridades para proteger el clima:
- Reducir la expansión agrícola y la degradación de los bosques, especialmente en África y el Sudeste Asiático, donde estas perturbaciones representan más del 97 % de las pérdidas netas de carbono.
- Proteger los bosques jóvenes en regeneración, que desempeñan un papel clave en la absorción de CO₂ y la mitigación del cambio climático.
- Reforzar la vigilancia de las zonas forestales más vulnerables, donde los bosques ricos en carbono están cada vez más expuestos.
"Nuestro método puede ayudar a los países a seguir mejor sus emisiones y a reforzar los programas de conservación. Al identificar dónde se pierde el carbono y dónde los bosques vuelven a crecer, proporcionamos una herramienta poderosa para proteger uno de los principales reguladores climáticos del planeta", explica Philippe Ciais, director de investigación en el CEA y coautor del estudio.
El estudio utiliza un método de contabilidad del carbono de la biomasa espacialmente explícito con una resolución de 30 metros, combinando datos satelitales y curvas de recuperación de la biomasa. A diferencia de modelos anteriores que se basaban en hipótesis simplificadas o promedios continentales, este enfoque permite comprender mejor la magnitud de los diferentes tipos de perturbaciones (incendios, degradación, regeneración) en el balance de carbono de los bosques tropicales, gracias a los nuevos mapas de alta resolución de biomasa proporcionados por la Agencia Espacial Europea.
Algunas cifras clave:
- 15,6 ± 3,7 mil millones de toneladas de carbono perdidos en los bosques tropicales húmedos desde 1990, mientras que los bosques tropicales secos se mantuvieron globalmente neutros en carbono.
- Los pequeños claros (menos de 2 ha) representan solo el 5 % de la superficie forestal perturbada, pero son responsables del 56 % de las pérdidas netas de carbono.
- Las pérdidas de carbono debidas a incendios en muchas regiones de bosques tropicales secos se ven parcialmente compensadas por una regeneración a largo plazo después de los incendios, a diferencia de los efectos persistentes de la deforestación a pequeña escala y la degradación no relacionada con incendios.
Estos trabajos se realizaron en el marco de la iniciativa científica One Forest Vision financiada por el Ministerio francés de Enseñanza Superior e Investigación y el Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores.
Fuente: CEA