Nuestro desarrollo en el espacio podría pasar por catapultas electromagnéticas instaladas en la Luna. Estos dispositivos, denominados mass drivers, podrían lanzar satélites y sondas sin pesados propergoles químicos. Pero su doble uso – civil y militar – plantea preguntas legítimas.
Estos mass drivers funcionan como cañones eléctricos: utilizan potentes campos magnéticos para acelerar objetos. La idea no es reciente: en los años 1970, el físico Gerard O'Neill ya proponía enviar así mineral lunar al espacio para construir colonias. Hoy en día, empresas como SpaceX y Auriga Space trabajan para materializar esta tecnología.
En los años 1970, Gerard O'Neill proponía el uso de un cañón electromagnético para lanzar cargas desde la Luna.
Crédito: Space Studies Institute
El informe, redactado por el analista Andre Sonntag para el American Foreign Policy Council, insiste en la naturaleza dual de estos ingenios. En tiempos de paz, podrían abastecer centros de datos en órbita o enviar materiales hacia la Tierra. Pero en caso de conflicto, una plataforma así se convertiría en un arma de primer ataque casi indetectable, capaz de lanzar proyectiles cinéticos, satélites antisatélites o incluso ojivas nucleares.
Actualmente, la tecnología aún no está madura: los prototipos solo pueden lanzar cargas pequeñas. Pero con inversiones suficientes, un sistema comercial podría estar listo para mediados de la década de 2030. China también trabaja en este concepto, en el marco de su estación lunar internacional, lo que acentúa la carrera por la dominación del espacio cislunar.
El Tratado del Espacio prohíbe ciertamente las instalaciones militares en los cuerpos celestes, pero el carácter civil de los mass drivers dificulta cualquier regulación.
Desafíos del Tratado del Espacio
El Tratado del Espacio de 1967 prohíbe la instalación de armas de destrucción masiva en los cuerpos celestes y el establecimiento de bases militares. Sin embargo, no prohíbe explícitamente las tecnologías de doble uso como los mass drivers. Esta ambigüedad jurídica complica la regulación y abre la puerta a interpretaciones divergentes.
China y Estados Unidos podrían justificar sus proyectos lunares con objetivos civiles, mientras conservan una capacidad militar latente. Por ejemplo, un mass driver diseñado para lanzar recursos mineros podría, en teoría, ser reconvertido para enviar proyectiles cinéticos.
Para evitar una escalada, los expertos piden nuevos acuerdos internacionales. Pero el ritmo de los avances tecnológicos podría adelantarse a las discusiones diplomáticas, creando un vacío propicio para las tensiones.
Fuente: American Foreign Policy Council