La inmensidad hostil del espacio, con su vacío absoluto y sus radiaciones mortales, parece prohibir cualquier forma de vida. Sin embargo, un modesto habitante de nuestro planeta cuestiona esta lógica implacable.
Los musgos, estas plantas ancestrales que cubren bosques y muros, poseen una capacidad de supervivencia que supera la comprensión. Sus esporas, verdaderas cajas fuertes biológicas, acaban de revelar su aptitud para atravesar el cosmos en condiciones extremas, abriendo nuevas perspectivas para la vida más allá de la Tierra.
Esta cápsula contiene numerosas esporas. Esporofitos maduros como este fueron recolectados individualmente y utilizados como muestras para el experimento de exposición espacial realizado en la instalación de exposición de la Estación Espacial Internacional (ISS).
Crédito: Tomomichi Fujita - Licencia CC BY-SA
Este descubrimiento proviene de trabajos realizados por un equipo de la Universidad de Hokkaido, cuyas investigaciones se centran en los mecanismos evolutivos de las plantas. Su atención se dirigió a
Physcomitrium patens, un musgo modelo cuyo genoma es perfectamente conocido. Sus investigaciones preliminares en laboratorio ya habían puesto de manifiesto la gran resistencia de sus estructuras reproductivas. Pero solo un experimento in situ podía validar estas observaciones alentadoras.
La prueba del vacío cósmico
El experimento se llevó a cabo en el exterior de la Estación Espacial Internacional, donde se instalaron muestras de esporas durante 283 días. Esta duración representa una exposición prolongada a las condiciones más hostiles: vacío espacial, microgravedad, variaciones térmicas extremas y radiaciones cósmicas no filtradas. El viaje de ida se realizó a bordo de la nave Cygnus NG-17 en marzo de 2022, mientras que el regreso a Tierra se efectuó mediante la cápsula SpaceX CRS-16 en enero de 2023.
Los resultados superaron todas las expectativas de los científicos. Más del 80% de las esporas conservaron su viabilidad después de esta exposición espacial prolongada. Entre estas supervivientes, el 91% mostró una capacidad intacta para germinar una vez de vuelta en el entorno terrestre. Esta observación contradecía los pronósticos que anticipaban una destrucción casi total de las muestras.
El análisis bioquímico reveló una estabilidad notable de los pigmentos fotosintéticos. Solo la clorofila mostró una ligera disminución del 20%, sin consecuencias aparentes para la vitalidad de las esporas. Esta resistencia global indica la existencia de mecanismos de protección celular particularmente eficaces contra las agresiones espaciales.
Los secretos de una gran resistencia
La clave de esta resistencia reside en la estructura misma de los esporofitos, las cápsulas que contienen las esporas. Estas envolturas protectoras actúan como escudos naturales contra las radiaciones ultravioleta, particularmente dañinas en el espacio. Las pruebas de laboratorio habían demostrado que las esporas encapsuladas presentaban una tolerancia a los UV mil veces superior a la de las células juveniles del musgo.
Esta protección se extiende también a las temperaturas extremas. Las esporas resistieron condiciones de frío intenso a -196°C durante más de una semana, así como calor sostenido a 55°C durante un mes. Estos rendimientos superan ampliamente las capacidades de supervivencia de la mayoría de los organismos vivos, incluidas las de las bacterias más resistentes.
Los investigadores consideran que estas propiedades representan una adaptación evolutiva que se remonta a 500 millones de años, que habría permitido a las briófitas colonizar los medios terrestres. La estructura protectora de las esporas constituiría una innovación biológica que favoreció la salida de las aguas y la conquista de entornos hostiles, y luego la supervivencia a través de las extinciones masivas.
Autor del artículo: Cédric DEPOND
Fuente: iScience