Adrien - Lunes 13 Abril 2026

🔥 Incendios: una tendencia de 2000 años se ha invertido

Es una ruptura en las curvas: se acaba de descubrir un aumento notable de incendios en las turberas tropicales. Mientras que su frecuencia había disminuido continuamente durante más de un milenio, aumentó bruscamente en los últimos cien años. Esta inversión de tendencia, documentada por un nuevo estudio, coincide con la intensificación de las actividades humanas en estas regiones.

Para reconstruir esta historia, unos investigadores analizaron fragmentos de carbón vegetal preservados en capas de turba de dos mil años. Estas muestras, procedentes de zonas de América Central y del Sur, África, el Sudeste Asiático y Australasia, muestran que los incendios antes estaban principalmente vinculados a condiciones climáticas secas. Los resultados, publicados en Global Change Biology, indican un descenso gradual de la actividad incendiaria durante más de mil años.


Imagen de ilustración Pixabay


Este largo periodo de declive terminó en el siglo XX, con un rápido aumento del número de incendios. Esta clara ruptura con el pasado muestra que ahora entran en juego otros factores, diferentes al clima.

El repunte es muy pronunciado en el Sudeste Asiático y en algunas partes de Australasia. En estas zonas, el drenaje de las turberas para la agricultura, la deforestación y la urbanización secan los suelos, haciéndolos más fáciles de encender. Estas prácticas alteran el equilibrio natural y aumentan los riesgos.

Por el contrario, las turberas de América del Sur y África, generalmente más aisladas, no han experimentado la misma intensificación. No obstante, con el crecimiento demográfico y el desarrollo económico, estas regiones podrían volverse más vulnerables en el futuro.

Estos ecosistemas almacenan cantidades considerables de carbono, superando incluso la totalidad de los bosques mundiales. Cuando se queman, este carbono es liberado a la atmósfera, contribuyendo al calentamiento global.

El papel de las turberas en el ciclo del carbono


Las turberas se forman en medios húmedos donde la vegetación muerta se descompone muy lentamente, acumulando materia orgánica rica en carbono durante miles de años. Este proceso genera capas de turba que actúan como sumideros que capturan el dióxido de carbono atmosférico.

Estos medios son particularmente eficaces para el almacenamiento porque el agua estancada ralentiza la actividad microbiana y la descomposición. Así, el carbono queda atrapado en el suelo. Cuando las turberas se drenan o se queman, el carbono almacenado se libera en forma de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, lo que puede acelerar el calentamiento.

Los factores humanos detrás del aumento de los incendios


La expansión de las actividades humanas en los trópicos ha cambiado profundamente los paisajes de turberas. El drenaje para la agricultura, por ejemplo, seca los suelos y los hace más inflamables durante las sequías. Además, la conversión de tierras para plantaciones o el desarrollo urbano fragmenta estos ecosistemas y reduce su resistencia natural al fuego.

En el Sudeste Asiático, donde el aumento es más marcado, las quemas controladas para preparar los campos también pueden degenerar en incendios incontrolables. La interacción entre la sequía y estas actividades humanas ha creado condiciones propicias para los incendios observados en el siglo pasado.

Fuente: Global Change Biology
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