La forma de respirar podría jugar un papel en el agotamiento característico del síndrome de fatiga crónica. Un estudio reciente, publicado en
Frontiers in Medicine, examina esta pista innovadora.
Para verificar esta hipótesis, unos investigadores compararon la respiración de 57 personas con el síndrome con la de 25 voluntarios sanos. Durante dos días consecutivos, realizaron pruebas de esfuerzo midiendo el ritmo cardíaco, la presión arterial, la eficacia de la absorción de oxígeno y otros parámetros respiratorios. Estos exámenes permitieron evaluar la coordinación y la frecuencia de los movimientos respiratorios.
Los resultados muestran que el 71% de los participantes con el síndrome presentan anomalías respiratorias. Casi la mitad de ellos muestran una respiración disfuncional, caracterizada por series de suspiros frecuentes o una mala coordinación toraco-abdominal. Aproximadamente un tercio hiperventila, respirando demasiado rápido en relación con las necesidades del cuerpo. Estos trastornos son notablemente menos frecuentes en el grupo de control.
Según los investigadores, estos problemas podrían estar asociados a la disautonomía, un estado en el que las señales nerviosas que regulan las funciones automáticas como la respiración y la circulación están alteradas. Esta condición suele estar presente en personas con síndrome de fatiga crónica y puede provocar intolerancia a la posición de pie, provocando una aceleración del ritmo cardíaco e hiperventilación.
La hiperventilación y la respiración disfuncional pueden causar síntomas similares a los del síndrome, como mareos, dificultades de concentración, falta de aire y fatiga intensa. Su coexistencia también puede desencadenar palpitaciones cardíacas, dolores torácicos y una mayor ansiedad, agravando así la sensación de agotamiento tras un esfuerzo físico o mental.
Por lo tanto, mejorar los hábitos respiratorios podría ayudar a aliviar algunos síntomas en las personas afectadas. Se contemplan enfoques como el yoga, la natación o el biofeedback para corregir estas anomalías, favoreciendo una respiración más lenta y mejor coordinada. Por el momento, se necesitan estudios adicionales para validar la eficacia de estos métodos e integrarlos en protocolos de atención.
Las técnicas de respiración controlada
La respiración controlada es una práctica que consiste en modificar voluntariamente el ritmo y la profundidad de la respiración para influir en el estado físico y mental. Se utiliza ampliamente en disciplinas como el yoga o la meditación para favorecer la relajación, reducir el estrés y mejorar el bienestar general.
Métodos como la coherencia cardíaca o la respiración diafragmática pretenden estabilizar el sistema nervioso autónomo regulando la respiración. Al adoptar una respiración lenta y profunda, se pueden disminuir los riesgos de hiperventilación y sus efectos negativos, como la ansiedad o los mareos.
Para las personas que sufren de respiración disfuncional, ejercicios específicos pueden ayudar a restablecer una coordinación normal entre el tórax y el abdomen. Estas prácticas suelen ser enseñadas por fisioterapeutas o instructores especializados, quienes guían a los pacientes hacia patrones respiratorios más eficaces y menos fatigantes.
Integrar sesiones de respiración controlada en la rutina diaria puede ofrecer beneficios a largo plazo, como un mejor manejo de las emociones y una reducción de la fatiga. Se recomienda comenzar bajo supervisión profesional para adaptar las técnicas a las necesidades individuales y evitar cualquier molestia.
Fuente: Frontiers in Medicine