¿Por qué algunos animales, como los elefantes, pueden alcanzar los 70 años mientras tienen pocas crías, mientras que otros, como los ratones, viven solo unos pocos años pero se reproducen abundantemente? Más allá de la diferencia de tamaño entre estas dos especies, existe un delicado equilibrio entre la capacidad de reproducirse y la duración de la vida.
Una investigación internacional, que involucra a científicos del
Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, examinó este fenómeno a gran escala. Al analizar datos de 117 especies de mamíferos en cautiverio, los investigadores encontraron que los animales cuya reproducción está limitada viven en promedio más tiempo.
El estudio, que combina observaciones en zoológicos y un metaanálisis de publicaciones científicas, revela que la esterilización quirúrgica o la anticoncepción hormonal prolongan la vida aproximadamente un 10%. Esta tendencia se observa en diversos grupos, desde primates hasta roedores, con ejemplos llamativos como los babuinos hamadrías, donde las hembras bajo anticoncepción viven un 29% más.
La reproducción exige un gasto energético considerable. La gestación, la lactancia, la producción de espermatozoides y el cuidado parental movilizan recursos que, de otro modo, podrían servir para mantener el organismo en buen estado de salud. Las hormonas sexuales, como la testosterona y los estrógenos, también desempeñan un papel al influir en el comportamiento y el envejecimiento, desviando potencialmente la energía hacia otras funciones.
En los machos, el aumento de la longevidad parece estar relacionado con la eliminación de la testosterona mediante la castración, y no con la simple vasectomía. Para las hembras, evitar los embarazos y los ciclos reproductivos reduce los costes fisiológicos, aunque la extirpación de los ovarios puede tener efectos mixtos en la salud posterior, según estudios en roedores de laboratorio.
Los datos en humanos, como los de los eunucos coreanos históricos, indican patrones similares, con una vida más larga para los hombres castrados. Sin embargo, las condiciones modernas, como la medicina y una buena nutrición, atenúan estos efectos.
El papel de las hormonas en el envejecimiento
Las hormonas sexuales, como la testosterona y los estrógenos, no solo regulan la reproducción, sino también otros procesos corporales esenciales. Actúan como mensajeros químicos que influyen en el metabolismo, el sistema inmunitario y la reparación de tejidos, desempeñando un papel clave en el mantenimiento de la salud y el ritmo del envejecimiento. Por ejemplo, la testosterona puede estimular el crecimiento muscular pero también aumentar los riesgos de ciertas enfermedades, mientras que los estrógenos a menudo protegen los huesos y el corazón.
Estas hormonas afectan directamente al envejecimiento modulando vías biológicas como la inflamación, el estrés oxidativo y la regeneración celular. Los niveles elevados de testosterona en los machos se asocian con comportamientos más arriesgados, como la agresión, lo que puede reducir la supervivencia. En las hembras, las fluctuaciones hormonales durante los ciclos reproductivos demandan mucha energía, potencialmente en detrimento de las defensas inmunitarias, lo que explica por qué limitar la reproducción puede prolongar la vida.
Fuente: Nature