Adrien - Sábado 14 Marzo 2026

☀️ El Sol presenta una superficie nunca vista desde 2022

El Sol acaba de mostrar una particularidad no vista desde hace varios años: su superficie se ha vuelto totalmente uniforme, desprovista de esas zonas oscuras habituales que son las manchas solares.

Estas regiones de sombra, más frías que el resto de la superficie solar, son resultado de intensos campos magnéticos. Al impedir que el calor interno ascienda, crean estas marcas visibles. Su desaparición, aunque sea temporal, representa un indicador notable del comportamiento de nuestra estrella.


Un Sol sin ninguna mancha, observado el 22 de febrero de 2026 por el observatorio solar SDO de la NASA.
Crédito: NASA/SDO y los equipos científicos AIA, EVE, HMI

Nuestra estrella atraviesa fases de intensa agitación y de relativa calma durante un ciclo de aproximadamente once años. Cuando la actividad está en su máximo, las manchas solares se multiplican, acompañadas de erupciones que proyectan partículas hacia el espacio. Por el contrario, durante el mínimo, la superficie puede permanecer perfectamente lisa durante largas semanas.


El período de calma observado a principios de 2026 es notable porque no se había producido desde junio de 2022. Según los datos disponibles, este ciclo solar parece por tanto orientarse progresivamente hacia una fase más tranquila. No obstante, algunos observadores han señalado la aparición rápida de nuevas zonas activas, mostrando que la situación evoluciona constantemente.

Los investigadores indican que la actividad solar no debería alcanzar su próximo valle antes de 2030. El mínimo anterior, entre 2018 y 2020, había visto al Sol sin manchas durante casi dos años.

Estas variaciones tienen consecuencias concretas para nuestro planeta. Las erupciones solares pueden perturbar las comunicaciones por radio, afectar a los satélites y generar auroras boreales intensas. La reducción del número de manchas anuncia generalmente una disminución de estos fenómenos.

Las herramientas modernas, como los observatorios espaciales, permiten una vigilancia continua del Sol. Esta capacidad es valiosa para anticipar los cambios de actividad y comprender sus mecanismos. La comunidad científica continúa sus análisis para afinar los modelos de predicción.

Fuente: NASA Solar Dynamics Observatory
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