Adrien - Miércoles 4 Febrero 2026

🌕 El día en que el hombre esparza metano por toda la superficie lunar

Trabajos recientes indican que los gases emitidos por los aterrizadores espaciales pueden contaminar las regiones polares de nuestro satélite, lugares que podrían albergar información sobre los orígenes de la vida en la Tierra.

Llevado a cabo por un equipo portugués y europeo, este análisis simula la dispersión del metano procedente de los propulsores durante las fases de alunizaje. Publicado en el Journal of Geophysical Research: Planets, demuestra que estas moléculas orgánicas, en un mundo carente de atmósfera, se desplazan sin obstáculos por la superficie antes de acabar fijándose.


El cráter Shackleton está situado en el polo sur de la luna.
NASA/Ernie Wright

Las modelizaciones muestran que las moléculas de metano incluso alcanzan el polo opuesto en menos de dos días lunares, es decir, aproximadamente dos meses terrestres. Algo más de la mitad de estos contaminantes acaban atrapados en cráteres sumidos en una oscuridad permanente.


Estos cráteres polares funcionan como congeladores naturales, preservando hielo de agua y otros compuestos congelados desde hace miles de millones de años. Podrían contener materiales orgánicos traídos por cometas o asteroides, constituyendo así una ventana inédita a las condiciones que pudieron conducir a la vida en la Tierra. Su intenso frío los hace, por desgracia, sensibles a los aportes químicos.

Estas observaciones plantean interrogantes para las próximas misiones, en particular las que contemplan una presencia humana permanente. Las agencias espaciales y los actores privados deberán integrar estos riesgos en sus planes, con el objetivo de limitar la huella química en estos lugares de gran interés científico.

Podrían elaborarse medidas de protección, inspirándose, por ejemplo, en las normativas vigentes en la Antártida. Los científicos responsables del estudio desean que estos trabajos favorezcan enfoques de aterrizaje más reflexivos, incluyendo posiblemente instrumentos dedicados para confirmar los modelos de propagación de contaminantes.

Las moléculas orgánicas y los orígenes de la vida


Estos compuestos químicos, construidos en torno a átomos de carbono, están frecuentemente ligados a los procesos de la vida. En la Luna, su presencia podría proceder de impactos antiguos de cometas o asteroides que transportaron estos materiales desde el exterior del Sistema Solar. Estos depósitos, conservados en el hielo de los polos, ofrecerían un registro fósil de los entornos primitivos.

Analizando estas moléculas, los investigadores aspiran a reconstruir el camino que condujo al surgimiento de la vida terrestre. Geológicamente inactiva, la Luna conserva estos vestigios mucho mejor que nuestro planeta, donde la erosión y la tectónica los han borrado. Representa, por tanto, un archivo excepcional para reconstruir la historia química de nuestro vecindario planetario.


Sin embargo, la introducción de contaminantes como el metano podría alterar estos antiguos depósitos. La búsqueda de sustancias prebióticas, fundamentales para comprender los inicios de la vida, se vería así complicada. Preservar estas zonas aparece, por tanto, como una prioridad para los futuros trabajos en astrobiología.

Misiones robóticas equipadas con instrumentos avanzados podrían tomar muestras antes de cualquier llegada humana significativa. El análisis de estos materiales en su estado original permitiría quizás desentrañar los mecanismos que iniciaron la vida en la Tierra.

Fuente: Journal of Geophysical Research: Planets
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