Mercurio, el planeta más cercano al Sol, parece ser el último lugar donde uno esperaría encontrar hielo. Sin embargo, observaciones telescópicas en la década de 1990, confirmadas por la sonda MESSENGER, revelaron inmensas reservas de agua congelada en los cráteres polares que nunca ven la luz. Una situación que durante mucho tiempo desconcertó a los investigadores.
Un nuevo estudio propone una explicación sorprendente: un solo impacto colosal podría haber transportado y atrapado esta agua en un tiempo récord. En el transcurso de un solo día mercuriano, que equivale a 176 días terrestres, un impacto del tamaño del que formó el cráter Hokusai podría haber esparcido agua por todo el planeta, y esta habría persistido en las zonas de sombra permanente.
Los cráteres fríos y sombreados del polo norte de Mercurio, como Kandinsky y Prokofiev, pueden tener varios kilómetros de profundidad y nunca recibir luz solar.
Crédito: NASA/UCLA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Carnegie Institution of Washington
Para probar esta hipótesis, un equipo dirigido por Parvathy Prem del Laboratorio de Física Aplicada Johns Hopkins utilizó simulaciones por computadora. Estas reproducen un impactador de unos 17 kilómetros de diámetro golpeando Mercurio a 30 kilómetros por segundo. El choque genera una atmósfera temporal densa, rica en vapor de agua, que envuelve el planeta en poco más de una hora, según los investigadores.
Esta atmósfera de vapor de agua actúa como un escudo. Protege las moléculas de agua de los intensos rayos ultravioleta del Sol, frenando su destrucción. Resultado: una gran cantidad de agua sobrevive el tiempo suficiente para migrar hacia los cráteres polares donde se deposita en forma de hielo. La mayor parte de este depósito ocurre en un solo día mercuriano, es decir, 176 días terrestres, señala el estudio publicado en el
Journal of Geophysical Research: Planets.
Este descubrimiento podría indicar que el hielo de Mercurio se formó rápidamente y no de manera progresiva durante largos períodos. Esto también explicaría su aparente pureza, ya que un aporte repentino limitaría las mezclas con otros materiales. Los científicos esperan que la misión BepiColombo, que debe entrar en órbita alrededor de Mercurio en noviembre, aporte nuevos indicios sobre el origen de estos depósitos polares.
Mientras tanto, este escenario de impacto único ofrece una respuesta elegante a un enigma de larga data. Muestra cómo un evento cataclísmico puede, en unas horas, redistribuir elementos volátiles a escala de un planeta entero, transformando un mundo tórrido en un reservorio de hielo.
Fuente: Journal of Geophysical Research: Planets