En Svalbard, un archipiélago aislado del Ártico situado entre la Noruega continental y el Polo Norte, los suelos permanecen congelados durante la mayor parte del año. Estos entornos fríos, pobres en nutrientes y en gran medida desprovistos de vegetación, albergan sin embargo importantes cantidades de carbono atrapado en el permafrost.
Con el rápido calentamiento del Ártico, estos suelos ahora se descongelan durante períodos más largos cada verano. Un nuevo estudio muestra que este deshielo no provoca una activación completa de la vida microbiana. En realidad, aproximadamente la mitad de los microorganismos presentes en estos suelos permanecen latentes, incluso después de varios meses de deshielo.
Seguir la reactivación de la actividad microbiana
A pesar de su apariencia austera, los suelos árticos albergan comunidades microbianas diversificadas que desempeñan un papel clave en la regulación de las emisiones de carbono hacia la atmósfera. Cuando el suelo se descongela, el agua líquida se vuelve disponible, permitiendo que los microorganismos reanuden su actividad.
Para comprender mejor este proceso, un equipo internacional que incluye científicos del CNRS en el Instituto Mediterráneo de Oceanología (MIO) incubó suelos de Svalbard y monitoreó directamente el crecimiento microbiano mediante una técnica de marcaje isotópico del ADN. Este enfoque permitió identificar con precisión qué microorganismos se desarrollaban después del deshielo.
Los resultados muestran que algunos microorganismos se activan rápidamente, mientras que otros solo comienzan a crecer después de varias semanas. Sin embargo, una gran parte de la comunidad permanece inactiva.
Este trabajo se realizó en el marco del proyecto
ERC SIESTA, cuyo objetivo es comprender mejor el papel de la latencia microbiana en entornos extremos.
Más allá de la descomposición: interacciones biológicas clave
De manera inesperada, los microorganismos activos no se limitan a los descomponedores de materia orgánica. El estudio también destaca el crecimiento de bacterias depredadoras, capaces de consumir otros microorganismos. Este resultado subraya que las interacciones dentro de las redes tróficas microbianas desempeñan un papel importante en el funcionamiento de los suelos árticos después del deshielo.
Un desafío importante para el clima
Los suelos árticos almacenan aproximadamente un tercio del carbono de los suelos mundiales. Con la aceleración del calentamiento, el destino de este carbono depende estrechamente de la actividad microbiana.
Este estudio muestra que las emisiones de carbono no solo están controladas por la temperatura, sino también por la identidad de los microorganismos que se vuelven activos y el momento en que se activan. Estos resultados sugieren que los modelos climáticos actuales podrían simplificar excesivamente la respuesta de los suelos árticos al calentamiento.
Fuente: CNRS INSU