El deporte no solo fortalece el corazón. También podría modificar los nervios que regulan sus latidos.
Investigadores de la Universidad de Bristol han estudiado un mecanismo aún poco conocido. Observaron cómo el ejercicio aeróbico regular actúa sobre pequeños grupos de nervios situados cerca del cuello y la parte superior del pecho.
Estos grupos se denominan ganglios estrellados. Forman parte del sistema nervioso simpático, el que prepara al cuerpo para la acción. Cuando corremos, sentimos miedo o sufrimos estrés, ayuda al corazón a latir más rápido y a enviar más sangre hacia los músculos.
El estudio, publicado en
Autonomic Neuroscience, se realizó en ratas. Después de diez semanas de ejercicio moderado en cinta rodante, los investigadores examinaron estos ganglios en tres dimensiones. Entonces descubrieron que el lado derecho y el lado izquierdo no cambiaban de la misma manera.
En las ratas entrenadas, el ganglio estrellado derecho contenía muchas más neuronas que el izquierdo. En cambio, las neuronas del lado izquierdo se habían vuelto más grandes. El volumen total de estos grupos nerviosos también había disminuido tras el entrenamiento. Esto demuestra que el ejercicio no solo transforma los músculos, sino también ciertos comandos nerviosos del corazón.
Esta diferencia entre la parte derecha y la parte izquierda podría ser importante. El lado derecho actúa principalmente sobre el ritmo natural del corazón, mientras que el izquierdo influye más en una parte del ventrículo izquierdo. Por lo tanto, los investigadores creen que estos cambios podrían ayudar a entender por qué algunos tratamientos cardíacos funcionan mejor en un lado que en el otro.
Por ahora, se trata de un estudio preliminar realizado en animales. Serán necesarias investigaciones en humanos antes de obtener aplicaciones médicas. Pero estos resultados indican que el sistema nervioso automático del corazón es más flexible de lo que se pensaba. A largo plazo, esto podría ayudar a tratar mejor ciertas arritmias, dolores torácicos o trastornos relacionados con el estrés.
Fuente: Autonomic Neuroscience: Basic and Clinical