Adrien - Viernes 16 Enero 2026

🥩 El cráter de Quebec que se hace pasar por carne

Desde la órbita terrestre, nuestro planeta a veces revela paisajes que evocan más cuadros abstractos que mapas geográficos. Detrás de esta impresión artística se esconde una riqueza de información científica, recopilada por satélites como los de la misión Copernicus Sentinel. En lugar de simples fotografías, estos instrumentos registran la Tierra en varias longitudes de onda, incluidas aquellas que escapan al ojo humano.

Los científicos combinan luego estos datos para crear imágenes en falsos colores, que facilitan la distinción entre bosques, tundra, agua libre y hielo. Este proceso transforma observaciones técnicas en visiones a la vez estéticas y útiles, revelando detalles de otro modo imperceptibles.


El cráter de Manicouagan aparece en rojo en esta representación en falsos colores.
Crédito: contiene datos modificados de Copernicus Sentinel (2022), procesados por la ESA


Por ejemplo, una imagen reciente muestra una estructura circular sorprendente en el paisaje canadiense, que atrae inmediatamente la mirada. Sin contexto, esta imagen haría pensar en un trozo de carne grasa visto de cerca. Pero no es así.

Esta forma circular, a menudo llamada "el ojo de Quebec", corresponde al cráter de Manicouagan, ubicado en la provincia canadiense. Se formó hace unos 214 millones de años tras el impacto de un asteroide de aproximadamente cinco kilómetros de diámetro. La colisión dejó una cicatriz perfectamente visible desde el espacio, con la isla René-Levasseur en su centro, como una pupila en medio del ojo.

Hoy, este cráter alberga un embalse creado en la década de 1960 para un proyecto hidroeléctrico, mostrando cómo una formación antigua puede integrarse en infraestructuras modernas. Los satélites Sentinel-2, con sus trece bandas espectrales, permiten visualizar estos cambios con una precisión de hasta diez metros, ofreciendo una perspectiva amplia mientras conservan los detalles locales.

En la imagen, los colores vivos tienen significados precisos: el blanco indica nieve, el azul corresponde al hielo o a superficies congeladas, y el rojo marca una vegetación densa, como el bosque boreal o la tundra. Esta zona forma parte de una reserva de la biosfera reconocida por la UNESCO, añadiendo una dimensión ecológica a su interés geológico. El río Manicouagan, visible al salir del embalse, recuerda la interacción entre los procesos naturales y las obras humanas.

Estas observaciones satelitales ilustran cómo la tecnología espacial permite comprender mejor nuestro entorno, superponiendo escalas de tiempo que van desde la prehistoria hasta la era moderna.

Fuente: Agencia Espacial Europea
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