Adrien - Sábado 21 Febrero 2026

📜 ¿El cometa Halley renombrado según un monje medieval?

¿Quién identificó verdaderamente el regreso regular del cometa Halley? Una idea errónea atribuye este descubrimiento al astrónomo Edmond Halley, pero un monje medieval lo habría precedido varios siglos antes.

En efecto, ya en el siglo XI, Eilmer de Malmesbury, un religioso inglés, probablemente estableció el vínculo entre dos apariciones luminosas separadas por décadas. Según trabajos presentados en la obra Dorestad and Everything After, observó el cometa en 989 y luego nuevamente en 1066, comprendiendo que se trataba del mismo objeto. Esta intuición, registrada en crónicas históricas, permaneció en la sombra hasta un análisis reciente.


Esta vista del núcleo del cometa Halley fue obtenida por la sonda Giotto durante su paso a 600 km del núcleo del cometa el 13 de marzo de 1986.
Crédito de la imagen: ESA/MPAe Lindau


La aparición de 1066 fue ampliamente documentada en todo el mundo. Astrónomos chinos la siguieron durante más de dos meses, anotando su pico de luminosidad a finales de abril. En Europa, fue representada en el Tapiz de Bayeux, donde se asocia a los acontecimientos de la época. Estas múltiples observaciones muestran que el cometa ya era un fenómeno notable mucho antes de los cálculos modernos.

Más tarde, en el siglo XVII, Edmond Halley sistematizó estos conocimientos calculando la órbita del cometa. Gracias a datos recopilados sobre varios pasos, estableció que el objeto observado en 1531, 1607 y 1682 era idéntico y regresaría periódicamente. Su procedimiento marcó un avance importante para la astronomía, aunque la idea de periodicidad ya existía.

En la Edad Media, los cometas a menudo se percibían como signos anunciadores de desgracias, como la guerra o la muerte de soberanos. El cometa de 1066 fue así interpretado como un presagio durante el reinado del rey Harold. Algunos relatos incluso exageraban sus apariciones para influir en las poblaciones.


La representación más antigua conocida del cometa Halley figura en el Tapiz de Bayeux, que data del siglo XI.
Crédito: Wikimedia Commons

Los investigadores responsables de este descubrimiento proponen hoy reconsiderar el nombre del cometa, argumentando que su periodicidad era conocida mucho antes que Halley.

El registro de observaciones astronómicas en la Edad Media


En la Edad Media, las observaciones del cielo a menudo las realizaban monjes o cronistas, que anotaban los eventos celestes en manuscritos. Estos documentos, como las crónicas de Guillermo de Malmesbury (que no debe confundirse con Eilmer de Malmesbury), servían tanto como relatos históricos y como soporte para el estudio de fenómenos naturales. Dan testimonio de una atención prestada a cometas, eclipses o estrellas fugaces, incluso sin herramientas perfeccionadas.


Estos registros estaban motivados por creencias religiosas o culturales, ya que los cometas se asociaban frecuentemente con presagios. Por ejemplo, la aparición del cometa Halley en 1066 se vinculó con la conquista normanda de Inglaterra, como muestra el Tapiz de Bayeux. Esto influía en la forma en que se relataban y memorizaban los acontecimientos.

A pesar de estos sesgos, los datos medievales ofrecen información valiosa para los astrónomos modernos. Permiten reconstruir los ciclos pasados de los cometas y afinar los modelos orbitales. El redescubrimiento de la nota de Eilmer de Malmesbury sobre la periodicidad muestra que las ideas científicas podían surgir incluso en marcos donde la tecnología era limitada.

Hoy en día, historiadores y científicos colaboran para analizar estos archivos con métodos nuevos, como la datación por carbono o el análisis textual. Esta interdisciplinariedad ayuda a separar los hechos observados de las interpretaciones culturales, enriqueciendo así nuestro conocimiento de la historia de la astronomía.

Fuente: Dorestad and Everything After
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