Adrien - Lunes 23 Marzo 2026

🌘 ¿Dónde estará la primera huella de bota china en la Luna?

Esta interrogante guía los preparativos de China, que ambiciona enviar a sus taikonautas a nuestro satélite antes del final de la década.

Un equipo de científicos chinos ha analizado la zona de Rimae Bode, situada en la cara visible de la Luna. Sus resultados, publicados en la revista Nature Astronomy, muestran que un sector combina condiciones propicias para un alunizaje sereno con un interés científico mayor. Así figura entre una selección restringida de sitios potenciales, retenidos por su relieve relativamente poco accidentado y su posición ideal para las conexiones con la Tierra.


Ilustración artística de astronautas chinos (taikonautas) en la Luna. El país apunta a un primer aterrizaje tripulado para 2030.
Crédito: CMSA/CCTV

La región de Rimae Bode revela una geología múltiple, compuesta por llanuras volcánicas, surcos excavados por antiguos flujos de lava y escombros procedentes de cráteres cercanos. Esta diversidad ofrecería a los exploradores la posibilidad de recolectar diferentes tipos de materiales en un solo y mismo lugar. Los investigadores han definido cuatro puntos de alunizaje precisos en este perímetro, cada uno con objetivos de muestreo ligeramente distintos.


Uno de los mayores activos de este lugar reside en su capacidad para entregar pistas sobre las capas internas profundas de la Luna. Los depósitos oscuros de cenizas volcánicas y las minúsculas perlas de vidrio, proyectados hace varios miles de millones de años, funcionan como testigos directos del manto lunar. Su examen podría permitir rastrear la cronología de las erupciones pasadas y comprender los mecanismos de enfriamiento de los planetas telúricos, como nuestra Tierra, después de su nacimiento.

Para llevar a cabo esta futura misión, los taikonautas ya siguen un entrenamiento geológico avanzado. Aprenden, en particular, a discernir las rocas banales de los especímenes de alto valor científico, como esas minúsculas perlas de vidrio volcánico. Esta preparación meticulosa es necesaria para identificar las pistas relevantes, instalar correctamente los instrumentos y evolucionar sobre un suelo a veces caótico con total seguridad.

Las fases siguientes incluyen el lanzamiento previsto de un satélite de teledetección lunar para mejorar la precisión de los datos, así como pruebas de la nueva nave Mengzhou. Cuando los taikonautas pisen el suelo lunar, su misión superará el marco de la exploración; asumirán el papel de investigadores espaciales, intentando elucidar las cuestiones geológicas que aún rodean a nuestro satélite.

Fuente: Nature Astronomy
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