Las imponentes pirámides de Teotihuacán, en México, guardan las huellas de una civilización mayor con más de dos mil años de antigüedad. Sin embargo, persiste un enigma: nadie sabe con certeza quién construyó esta gran ciudad. Los numerosos símbolos que adornan sus muros y objetos podrían finalmente entregar parte de la respuesta, según nuevos trabajos científicos.
Un equipo de la Universidad de Copenhague, dirigido por Magnus Pharao Hansen y Christophe Helmke, examinó estas marcas y plantea que forman un verdadero sistema de escritura. Sus conclusiones, publicadas en
Current Anthropology, proponen que esta escritura registra una lengua antigua de la familia uto-azteca, emparentada con el náhuatl hablado posteriormente por los aztecas.
Esta pista lingüística amplía nuestra visión del pasado. Al reconstruir una forma arcaica de náhuatl, los científicos pudieron comparar los textos de Teotihuacán con este modelo lingüístico. Estiman que grupos que hablaban un náhuatl ancestral podrían haber vivido en la ciudad mucho antes de su abandono. De esta manera, se hace posible tejer vínculos entre culturas que parecían separadas, introduciendo una continuidad en la narrativa mesoamericana.
El enfoque para interpretar estos signos es metódico. Algunos símbolos actúan como logogramas, representando directamente conceptos u objetos, a semejanza de un coyote para designar al animal. Otros operan bajo el principio del jeroglífico (rebus), donde los sonidos evocados por imágenes se asocian para formar términos más abstractos. Un conocimiento detallado de la pronunciación histórica es indispensable para una lectura exacta, lo que requiere una colaboración estrecha entre lingüistas y arqueólogos.
Si estos descubrimientos se confirman, podrían modificar nuestra comprensión de la historia regional. Teotihuacán ya no sería una entidad aislada, sino un cruce de caminos cultural que ejerció una influencia duradera. Las implicaciones conciernen a la persistencia de las lenguas y las tradiciones.
Los trabajos continúan con el objetivo de descubrir nuevas inscripciones para respaldar estas hipótesis. Su método, basado en la reconstrucción lingüística y el análisis contextual, podría servir de modelo para futuras investigaciones. Este descubrimiento también invita a reexaminar otros artefactos y podría permitir resolver otros rompecabezas arqueológicos comparables.
Ejemplo de un texto lineal en escritura de Teotihuacán pintado en tres columnas sobre el suelo de la Plaza de los Glifos.
Crédito: Christophe Helmke, Universidad de Copenhague
¿Cómo funcionan los logogramas en las escrituras antiguas?
Los logogramas son símbolos que representan palabras o ideas completas, en lugar de sonidos individuales. En muchas culturas, como el antiguo Egipto o China, estos signos visuales permiten una comunicación directa, donde un dibujo de una casa puede significar "casa" o conceptos relacionados como "refugio" o "familia". Esta simplicidad visual facilita la transmisión de información básica, pero limita la expresión de términos complejos o abstractos.
Para superar esta limitación, los sistemas de escritura combinan a menudo logogramas con elementos fonéticos. Por ejemplo, en la escritura de Teotihuacán, algunos símbolos actúan como jeroglíficos: la imagen de un objeto evoca el sonido de su nombre, y estos sonidos se ensamblan para formar otras palabras. Esto requiere un conocimiento profundo de la lengua hablada en la época, porque las pronunciaciones evolucionan con el tiempo, haciendo la interpretación más delicada.
El estudio de estos mecanismos ayuda a los investigadores a leer textos antiguos. Al identificar logogramas recurrentes y sus contextos de uso, pueden establecer correspondencias con lenguas conocidas. Este método ha sido determinante para interpretar escrituras como la maya o el lineal B, y ahora se aplica a Teotihuacán.
Fuente: Current Anthropology