Cédric - Martes 20 Enero 2026

🔥 Descubrimiento de una pira funeraria de 9.500 años de antigüedad

En el sitio arqueológico de Hora 1, en Malawi, el descubrimiento de vestigios de un fuego inmenso y la presencia de huesos humanos incinerados nos revela un ritual funerario que modifica nuestra percepción de las sociedades de cazadores-recolectores.

Hace casi 9.500 años, comunidades nómadas dedicaron un esfuerzo colectivo notable a la cremación de un individuo. Esta práctica, rara para ese período, demuestra un dominio técnico y una inversión social considerables. El análisis de las cenizas y los fragmentos óseos, publicado en la revista Science Advances, revela una secuencia de acciones precisas e intencionales.



Un tratamiento funerario excepcional


El examen de los 170 fragmentos óseos permitió identificar al individuo incinerado como una mujer adulta, de edad madura y de pequeña estatura. El estado de sus huesos indica que llevaba una vida físicamente activa. Alteraciones térmicas precisas muestran que su cuerpo fue quemado poco después de su muerte, en una pira que alcanzó temperaturas superiores a 500 °C. La cremación completa de un cuerpo en estas condiciones representa una tarea que exige una gran cantidad de combustible y una vigilancia constante.


Marcas de corte observadas al microscopio en varios huesos sugieren una preparación del cuerpo antes de la cremación. Hecho notable, ningún fragmento de cráneo o diente fue encontrado en el hogar, aunque estos elementos usualmente resisten bien al fuego. Esta ausencia hace pensar que la cabeza pudo haber sido retirada y conservada por separado como parte del rito. Pequeñas lascas de piedra tallada descubiertas entre las cenizas podrían corresponder a herramientas utilizadas durante esta preparación o a ofrendas arrojadas a las llamas.

La estructura de la pira misma, de un tamaño comparable a una cama grande, y la distribución de los huesos en dos montones distintos revelan un proceso dinámico. El cuerpo fue movido durante la cremación y el fuego fue activamente mantenido. Este conjunto de gestos va más allá de la simple eliminación de un cuerpo; se inscribe en un ceremonial elaborado, que requiere coordinación y conocimientos compartidos dentro del grupo.

La persistencia de una memoria colectiva


La importancia simbólica de este evento es subrayada por la reutilización posterior del lugar. Los análisis estratigráficos indican que importantes fuegos fueron encendidos en este mismo emplazamiento varios siglos antes de la cremación estudiada. Más llamativo aún, otros grandes fuegos fueron reavivados directamente sobre las cenizas de la pira funeraria en los siglos que siguieron. Esta recurrencia muestra que el emplazamiento se mantuvo como un punto de referencia en el paisaje y en la memoria colectiva.

Este fenómeno contrasta con las prácticas funerarias habitualmente documentadas para este período en África. En el mismo sitio, otros individuos fueron inhumados de manera convencional, sin cremación. El tratamiento singular reservado a esta mujer sugiere que ocupaba una posición social particular dentro de su comunidad. La naturaleza de esta distinción – estatus, rol o circunstancias de la muerte – permanece como un enigma, pero testifica de una diversidad social mayor de lo que se pensaba.

El descubrimiento cuestiona la idea de que las prácticas mortuorias complejas eran patrimonio exclusivo de las sociedades agrícolas sedentarias. Demuestra que los cazadores-recolectores de la edad de piedra en África eran capaces de organizar rituales colectivos que movilizaban recursos y conocimientos especializados. Esta cremación es mucho más que un hecho aislado; es la prueba arqueológica de un pensamiento simbólico estructurado y de un profundo apego a lugares cargados de significado.

Autor del artículo: Cédric DEPOND
Fuente: Science Advances
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