En el fondo de los océanos, donde la luz del Sol apenas logra penetrar, la vida se organiza en una oscuridad casi permanente. Para orientarse y sobrevivir en este medio hostil, las criaturas marinas han tenido que desarrollar sentidos particulares. Es en este contexto que un equipo de investigadores ha realizado una observación sorprendente, modificando nuestra comprensión de la visión en los vertebrados.
Este equipo científico ha identificado, en peces jóvenes de las grandes profundidades, un tipo de célula sensible a la luz que no había sido descrita anteriormente. Esta célula particular posee características que mezclan dos sistemas conocidos: los conos, activos en plena luz, y los bastones, adaptados a la oscuridad. Parece especialmente diseñada para funcionar en zonas de baja luminosidad, como la 'zona crepuscular' de los océanos.
Dos especies de peces linterna, Maurolicus muelleri y Maurolicus mucronatus, dotadas de fotorreceptores híbridos en estado larvario y adulto.
Crédito: Dr Wen-Sung Chung
Las larvas de estos peces fueron recolectadas en el Mar Rojo, a profundidades que van de 20 a 200 metros. Estos organismos diminutos, que apenas miden medio centímetro, presentan un interés particular. Muchos peces de las profundidades no nacen en la oscuridad total; primero crecen cerca de la superficie antes de migrar hacia los abismos. En consecuencia, su sistema visual debe adaptarse progresivamente a condiciones de luz cambiantes durante su desarrollo.
Esta célula híbrida utiliza tanto genes típicos de los conos como una forma que recuerda a la de los bastones. Permite una visión optimizada en la penumbra, una ventaja cierta para larvas que deben alimentarse y evitar depredadores antes de descender hacia las profundidades. Los investigadores indican que esta adaptación representaría una respuesta evolutiva a las limitaciones lumínicas de su entorno.
Las aplicaciones potenciales de este descubrimiento son numerosas. En el ámbito tecnológico, comprender el funcionamiento de esta célula podría inspirar el diseño de sensores más eficientes para situaciones de baja iluminación, como cámaras o gafas de visión nocturna. En medicina, el estudio de los mecanismos biológicos involucrados podría ofrecer pistas para entender mejor ciertas afecciones del ojo humano.
Fuente: Science Advances