Cédric - Domingo 18 Enero 2026

🏹 Descubrimiento de flechas envenenadas que datan de 60.000 años

Vestigios químicos de 60.000 años de antigüedad en puntas de flecha sudafricanas confirman el uso de armas envenenadas durante la prehistoria. Un equipo internacional acaba de identificar residuos de toxinas vegetales en microlitos de cuarzo, retrotrayendo en más de 50.000 años la prueba directa más antigua de esta práctica.


Este nuevo estudio viene a complementar un cuadro emergente de la arqueología prehistórica. Hace unos años, el análisis de un fémur de antílope de 7.000 años de antigüedad, descubierto en Sudáfrica, había proporcionado la primera prueba material directa del uso de veneno en un proyectil (ver nuestro artículo sobre el tema). Más recientemente, investigaciones realizadas en Francia sobre puntas datadas en unos 54.000 años habían deducido el posible uso de veneno gracias al análisis morfométrico (método TCSA), aunque no sobrevivió ningún residuo químico (ver nuestro artículo sobre el tema). El presente descubrimiento establece el vínculo entre estos indicios, aportando la prueba química irrefutable de que esta técnica ya estaba plenamente operativa hace 60.000 años en el sur de África.

Una identificación química irrefutable gracias a la espectrometría de masas



El equipo de Sven Isaksson sometió diez puntas de flecha de cuarzo, procedentes de la capa arqueológica datada en 60.000 años del yacimiento de Umhlatuzana, a un análisis por cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas. Esta técnica permite separar e identificar las moléculas incluso en cantidades ínfimas. Cinco de los artefactos revelaron la presencia de dos alcaloides tóxicos específicos: la bufanidrina y la epibufananina.

Estos compuestos son la firma química de Boophone disticha, una planta bulbosa del sur de África conocida por su savia altamente tóxica, históricamente utilizada como veneno de caza. La localización de los residuos, concentrados en la parte de las herramientas destinada a fijarse a un astil, excluye una contaminación accidental y confirma una aplicación intencionada. Para validar sus resultados, los investigadores analizaron puntas de flecha históricas del siglo XVIII y encontraron en ellas las mismas toxinas, demostrando la estabilidad de estas moléculas y la continuidad de esta tradición.


Boophone disticha es una planta fácilmente identificable.
Imagen Wikimedia


Una estrategia de caza que implica anticipación y saber hacer


El uso de un veneno de acción lenta, como el de Boophone disticha, transforma radicalmente la práctica de la caza. El objetivo no es matar en el acto, sino inyectar una sustancia que debilitará progresivamente a la presa mediante trastornos neurológicos y parálisis, permitiendo a los cazadores seguirla y recuperarla de manera más segura un poco más tarde. Este método reduce los riesgos de confrontación directa con animales peligrosos.

Esta práctica exige un razonamiento cognitivo avanzado, basado en la comprensión de un vínculo de causa-efecto diferido. Implica un conocimiento empírico profundo de las propiedades de las plantas, las técnicas de extracción y conservación del veneno, así como del comportamiento de los animales intoxicados. Este descubrimiento, unido a los indicios anteriores, muestra que el dominio de la caza con veneno no era una innovación aislada, sino un componente establecido del repertorio técnico de algunos grupos de Homo sapiens desde el Paleolítico medio, demostrando una capacidad temprana para explotar los recursos de su entorno.

Autor del artículo: Cédric DEPOND
Fuente: Science Advances y Nature
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