Después de una infección por COVID-19, algunas personas tardan meses, o incluso más, en recuperar el sentido del gusto. Para entender este fenómeno persistente, un estudio reciente examinó directamente las papilas gustativas de los pacientes, aportando elementos de respuesta concretos.
Esta investigación, publicada en
Chemical Senses, se centró en 28 personas que informaron alteraciones del gusto más de un año después de contraer el COVID-19, sin haber sido hospitalizadas. Entre ellas, casi un tercio presentaba puntuaciones anormales en pruebas de gusto, con una pérdida notable de los sabores dulce, amargo y umami, mientras que el salado y el ácido generalmente se conservaban. Para entender estos síntomas persistentes, se analizaron muestras de papilas gustativas.
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Los científicos descubrieron que algunas células receptoras del gusto contenían menos ARN mensajero necesario para la producción de una proteína llamada PLCβ2. Esta juega un papel esencial en la amplificación de las señales para los sabores dulce, amargo y umami antes de su transmisión al cerebro. Su reducción podría debilitar estas señales, explicando por qué estos sabores se ven particularmente afectados. Por el contrario, los mecanismos de detección de lo salado y lo ácido funcionan de manera diferente y no dependen de esta proteína.
Más allá de estos aspectos moleculares, la observación al microscopio mostró modificaciones estructurales en las papilas gustativas de algunos participantes. Mientras que varios tenían tejidos de apariencia normal, otros presentaban una desorganización visible. Estos cambios arquitectónicos, combinados con las perturbaciones moleculares, podrían contribuir conjuntamente a las disfunciones gustativas prolongadas tras la infección.
Normalmente, las células de las papilas gustativas se renuevan cada dos o cuatro semanas. Sin embargo, el estudio indica que las alteraciones en las vías de señalización pueden persistir mucho más tiempo en algunas personas. Los autores señalan que son necesarias más investigaciones para determinar si estos cambios son reversibles y si algunos tratamientos podrían ayudar a restablecer una señalización gustativa normal.
La renovación de las células del gusto
Las papilas gustativas en nuestra lengua están compuestas por células que no viven mucho tiempo. Se renuevan regularmente, aproximadamente cada dos o cuatro semanas, a partir de células madre situadas en su base. Este proceso constante permite mantener una percepción fresca y funcional de los sabores, incluso después de daños menores causados por alimentos calientes o infecciones temporales.
Cuando esta renovación se ve alterada, por ejemplo por una infección viral como el COVID-19, las nuevas células pueden no formarse correctamente o presentar defectos. Esto puede provocar una alteración duradera del gusto, ya que las células dañadas no se reemplazan eficazmente. El virus podría afectar las señales que regulan esta regeneración, dando lugar a papilas gustativas menos funcionales.
Este estudio muestra que incluso después de la desaparición del virus, algunos individuos mantienen anomalías en sus células gustativas. Esto apunta a que el COVID-19 podría dejar marcas duraderas en los mecanismos celulares, más allá de la simple infección aguda. Entender cómo el virus interfiere con esta renovación podría ayudar a desarrollar enfoques para estimular la recuperación del gusto en los pacientes afectados.
Fuente: Chemical Senses