¿Cómo reconocer la vida extraterrestre si la química del espacio produce los mismos bloques que los de la biología? Esta interrogante fundamental gana en pertinencia desde el análisis de las muestras del asteroide Bennu. Los científicos han descubierto en ellas un tesoro de moléculas orgánicas, incluyendo aminoácidos y nucleobases, sin que ninguna prueba de una forma de vida pasada esté asociada.
Estas muestras, traídas por la misión OSIRIS-REx, presentaban una particularidad notable: los aminoácidos se encontraban en proporciones casi iguales entre sus formas espejo denominadas "izquierdas" y "derechas". En la Tierra, en cambio, lo vivo utiliza casi exclusivamente la versión izquierda. Por consiguiente, la ausencia de preferencia marcada en Bennu hace pensar que esta asimetría molecular propia de nuestra biología probablemente se estableció posteriormente, durante procesos específicos de nuestro planeta.
Frente a esta situación, un equipo de investigadores propone un nuevo enfoque denominado LifeTracer, descrito en la revista
PNAS Nexus. En lugar de apuntar a una molécula única, este método estudia el conjunto de los motivos químicos presentes en una muestra. La hipótesis de partida se basa en el hecho de que la vida ensambla moléculas con un propósito preciso, como almacenar energía o transmitir información, mientras que los procesos geoquímicos no vivos obedecen a lógicas distintas.
Para desarrollar LifeTracer, los científicos compararon materiales de origen biológico, como suelos terrestres, con muestras abióticas procedentes de meteoritos ricos en carbono. Cada muestra, que contenía decenas de miles de moléculas orgánicas, fue analizada fragmentando los compuestos para examinar sus propiedades. Un modelo de aprendizaje automático aprendió luego a separar los dos grupos basándose en la distribución global de las huellas químicas.
Este enfoque permitió destacar tendencias generales. Las muestras de meteoritos, por ejemplo, contenían más compuestos volátiles, lo que refleja los entornos fríos del espacio. Un compuesto que contiene azufre, el 1,2,4-tritiolano, se impuso como un marcador robusto de las muestras no biológicas. Así, el modelo no se basa en un indicio único, sino en la forma en que está estructurada una colección entera de moléculas.
LifeTracer constituye por tanto una herramienta interesante para las futuras misiones espaciales. Cuando las sondas traigan muestras de Marte, de sus lunas o de los océanos de Europa y Encélado, las mezclas orgánicas probablemente procederán de múltiples fuentes. Este método permitirá estimar si el paisaje químico global se asemeja más a la biología o a la geoquímica fortuita, complementando así las técnicas ya empleadas.
Fuente: PNAS Nexus