¿Cómo pudieron los eventos climáticos extremos contribuir al fin de una gran civilización? Un equipo de investigadores ha examinado esta pregunta centrándose en la dinastía Tang, que gobernó China entre los siglos VII y X.
Su trabajo se ha centrado en el norte de China, una región atravesada por el río Amarillo, esencial para la agricultura y el poder político. Entre los años 800 y 907, esta zona sufrió sequías prolongadas e inundaciones devastadoras, cuyas huellas se han reconstruido gracias a un método ingenioso.
Lokapala, dinastía Tang (618-907), provincia de Henan, China, conservado en el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania.
Un lokapala es un guerrero, o uno de los cuatro Reyes Celestiales que protegen las cuatro direcciones del universo.
Imagen Wikimedia Para reconstruir las condiciones hidrológicas pasadas, los científicos se basaron en el análisis de los anillos de crecimiento de los árboles. Estos anillos anuales son más anchos en los años húmedos y más estrechos durante los períodos secos. Los datos recopilados en la cuenca del río Amarillo permitieron modelar los caudales de agua y su disponibilidad para el riego.
La evolución del clima tuvo repercusiones directas en la agricultura. La escasez de agua comprometió las cosechas, especialmente con la adopción progresiva del trigo y el arroz, cereales más sensibles a la sequía que el mijo tradicional. Este cambio aumentó los riesgos de malas cosechas y hambrunas.
Frente a estas dificultades alimentarias, las poblaciones se encontraron debilitadas, en particular los soldados encargados de defender las fronteras. Los trabajos de investigación indican que un gran número de ellos emigró entonces hacia el sur en busca de mejores condiciones de vida, lo que contribuyó a desestabilizar el poder establecido.
Hay que tener en cuenta que estos resultados constituyen aproximaciones, ya que múltiples factores intervienen en el declive de un imperio. No obstante, ponen de relieve la manera en que las perturbaciones ambientales pueden debilitar a una sociedad.
Los anillos de los árboles, archivos naturales
Los árboles conservan en su madera una memoria de las condiciones ambientales pasadas. Cada año forman un nuevo anillo, cuyo grosor depende directamente del clima. Cuando las lluvias son abundantes, el crecimiento es rápido y el anillo es ancho. Por el contrario, en época de sequía, el crecimiento se ralentiza, dejando un anillo más estrecho.
Este método, llamado dendrocronología, permite remontarse varios siglos atrás. Examinando árboles antiguos, los científicos pueden reconstruir las variaciones climáticas anuales con gran precisión. Los datos a menudo se cruzan con otros archivos naturales para refinar los modelos.
En el caso de la China medieval, los anillos de los árboles de la cuenca del río Amarillo sirvieron para estimar los caudales de agua históricos. Esta información ayudó a comprender cómo fluctuaron los recursos hídricos, influyendo en la agricultura y la vida de las poblaciones.
La dendrocronología es así una herramienta valiosa para historiadores y climatólogos. Permite comprender mejor las interacciones entre el clima y las sociedades humanas a lo largo de los tiempos, sin depender únicamente de los escritos antiguos.
Fuente: Nature Communications Earth & Environment